1 sept. 2013

DE LA NECEDAD Y LA ESTULTICIA EN LA CONDICIÓN HUMANA


He comenzado septiembre felicitando a my british sister Carmelilla y dándome de bruces, una vez más, con las claras muestras de necedad y estulticia de la condición humana.

A un “alguien”, tal vez un “alien” (¿quién lo puede imaginar?, viendo el planteamiento y los resultados), del tema de parques y jardines de por aquí se le ocurrió plantar girasoles (Helianthus annuus, que a uno le pierde el haber pasado por la Escuela de Agrónomos y por Biogeografía) en determinadas zonas verdes del poble. ¡Bravo!, tienen su aquél; el capítulo floral sigue al Sol (fototropismo positivo)… mientras es joven; porque al madurar se planta mirando a Levante y que salga el sol por donde quiera.

El girasol no hace daño a nadie (que yo sepa), decora, embellece…  es hasta incluso agradable y produce pipas, ricas en alfa-tocoferol (cuyo alias es Vitamina E-, nos decían antaño).

Bueno, pues donde confluyen las avenidas de la Comunitat Valenciana y de Europa había (porque ya no hay) un rodal angular de girasoles que los eufóricos clientes de la Zona Disco, en su retirada al alba, descargan sus frustraciones contra ellos. No queda uno. Gajes de la condición humana. Recuerdo a La Romántica Banda Local cantar aquello de “los borrachos somos gente inquebrantable…”; los girasoles no.

Pero viendo el destrozo y ante los restos de lo que bien pudo inspirar a un nuevo y moderno Van Gohg descubro otra necedad de la condición humana; en este caso del de Parques y Jardines de turno, condición que también aflora. Las grandes hojas glabras (desprovistas de pelo) evidencian todos los síntomas posibles de clorosis en la planta; vamos, falta de clorofila por toda clase de problemas. Resumiendo: que los plantaron porque sí y se olvidaron de los girasoles y éstos han sufrido todo tipo de problemas, desde falta de nutrientes a exceso de agua. El “planta y olvida” no es para todo; tal vez sí para un algarrobo, pero no para un girasol. La condición humana de jardinero de turno también ha quedado expuesta, aunque no al escarnio público. Tan lamentable es esa acción como la del bárbaro.

Y finalmente -es que hoy me he levantado vengador gusticiero, con “g”- otros claros ejemplos de la necedad en la condición humana están tanto en los que alquilan scooters eléctricos para discapacitados en su condición de empresa alquiladora como de usuario alquilador. Los primeros porque colocan sus cacharritos y los segundos porque así no se cansan en deambular, más más rápidos y, con ello, pueden putear más a los ciudadanos que transitan por las calles de Benidorm. Antes los alquilaban a personas mayores, anglosajonas en su mayor parte; ahora los alquilan a todo quisque que pague. Y lo mejor: hay posiciones de marcha entre “tortuga” (mínimo) y “liebre” (máximo). Y todos van a “liebre”, pero a liebre de Usain Bolt,  y hay ratos en que el Paseo de Levante se parece más a Indianápoilis que a Benidorm. Son baratos de alquilar y posibilitan fastidiar, pues el invento del mes. Y tan culpable el espabilao que lo alquila como el “probo” ciudadano que lo usa, abusa y lo aparca donde le sale en gana; generalmente, por el arco del Triunfo. El colmo de la condición humana es que nadie regula el tema. Uno llega a entender, que también es condición humana, que determinados colectivos lo usen, pero se rebela, que también es cosa de la condición humana, que puedan ser alquilados por quienes no deben.

Y como guinda, el aparcamiento de motos del chaflán entre Avenida de Europa y Lepanto. Vacío de continuo porque los vehículos impactan contra las motos aparcadas. Incluso lo hacen con los elementos de publicidad de la vía pública y el local comercial. Yo he perdido, siniestro total, dos; ya es mala casualidad. La condición humana, incluso la necedad, es responsable de la ubicación de este aparcamiento chaflanero, y la condición  humana, incluso la estulticia, es responsable de su no reubicación… incluso eliminación total. Necedad y Estulticia son parte esencial de la condición humana.

Pero ¡qué jodida es la condición humana!; la manera en que reaccionamos a los acontecimientos




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