1 nov. 2013

DE ESTO DEL HALLOWEEN


Benidorm, 7’30 h. 01.11.2013
Esta mañana aún quedaban brujildas de Halloween por las playas de Benidorm. Estaban algo resacosas; vamos, perjudicadas. Venía de celebrar, aún sin saberlo, una fiesta de profundo respeto a la muerte; venían de honrar a la muerte… con esas pintas. Naturalmente, no lo sabían. Los estragos de la LOGSE. Es que hemos ido traslocando la verdad del momento con lo festivo del evento… y así no hay forma de enterarse.

En realidad, lo que esas brujildas (y otros zombies y descalabrados) habían estado celebrando es un batido de tradiciones ancestrales que a partir del siglo XIV, cuando la peste negra se deja sentir con toda su fuerza en prácticamente toda Europa, empiezan a cobrar inusitada fuerza y las gentes, al sentir el peso de la muerte, comienzan a representarla. Y la Iglesia hacía incluso la vista gorda… porque la estimación de 25 millones de muertos por la Yersinia pestis (bacteria que portaban las pulgas, y pulgas había por doquier) sólo en Europa tiene su aquél. La sucesión de epidemias se originaron en Asia (todo apunta a una pequeña región al norte de la India), y en aquél continente se estima que causó 50 millones de muertos sólo en el XIV. A Europa llegó en 1347 propagada por marinos italianos -concretamente a Mesina (Sicilia), Génova y Venecia- que huyeron de Caffa (colonia genovesa, hoy Feodosia, en la península de Crimea), hostigada por los mongoles que avanzaban al ritmo de la peste. Afectó a nobles y plebeyos, a reyes y campesinos; a casi todos.

Oleadas Peste bubónica en el siglo XIV
Aquella primera durísima oleada llegó hasta la década de 1370, y con diversos altibajos saltó al siglo XV… hasta la década de 1490. Las consecuencias fueron terribles. Prácticamente el 45 % de la población europea murió entre 1347 y 1490. Se entiende pues que se terminara honrando a los muertos.

A Inglaterra llegó hacia el verano de 1348, y también hizo estragos. En las zonas celtas y escocesas, muy afectadas por la peste, el nuevo sentimiento de homenaje se alió con las celebraciones del Samhain (ancestral festorrón de origen celta), que en la noche del 31 de octubre despedían la cosecha y animaban a entrar con buen pie en la estación oscura (el invierno). En realidad, lo que hacían los celtas era celebrar el final del verano.

El Samhain era una fiesta de 3 días, donde se consumía de todo (y por todo entiendan todo), y que terminaba como una feliz comunión de los vivos (borrachos y flipaos) con los espíritus de los difuntos, quienes tenían autorización (esos tres días) para caminar entre los vivos y convivir con los suyos (¿?). Pero como los difuntos no entraban a las casas a comer, les dejaban la comida fuera. Los romanos, al conquistar los territorios celtas de Britania, permitieron la práctica porque venía a coincidir con el espíritu de las celebraciones que ellos ofrecían hacia la diosa Pomona, la diosa de la fruta… y por ende, de las cosechas. Para los romanos, las Parentalias (fiestas de los parientes difuntos) se celebraban en febrero, y terminaban con la Feralia y el sacrificio a Tácita, la diosa del silencio; y las Lemurias (fiestas para conjurar las almas de los muertos, lémures) se celebraban en mayo, pero permitieron el Samhain de finales de octubre.

El cristianismo, por su parte, las consideró heréticas y les fue cambiando las formas hasta adaptarlas a esto de una vigilia previa a la festividad de Todos los Santos y el posterior Día de Difuntos. Pero vayamos por partes.

Lo de Todos los Santos es muy posterior al Samhain. Hasta el año 615 no existe y entonces es una celebración exclusiva de Roma, cuando el Papa Bonifacio IV consagra el Panteón de Agripa (27 aC; el templo circular de todos los dioses romanos, reconstruido por Adriano hacia el 125 dC) como Santa María de los Martires y dedicó el día a “Todos los Santos”; aquello era un 13 de mayo y venía a coincidir con las Lemurias romanas que por lo bajinis aún se seguían celebrando, como elemento festivo. Habrá que esperar al año 741 para que el Papa Gregorio III pase la fiesta de Todos los Santos al 1º de Noviembre con motivo del acto ecuménico de la Dedicación de una capilla en la Basílica de San Pedro a Todos los Santos, y hasta un siglo más (año 840, Papa Gregorio IV) para que la fiesta se universalice. Hasta ese momento, sólo se celebraba en Roma.

Y toda fiesta tiene una víspera; para el cristianismo, una vigilia[1]. Y así llegamos a la Vigilia de Todos los Santos que es el All Hallow’s Eve[2] anglosajón que derivó, con el tiempo y una caña, en el Halloween… aunque, como dijimos, el desmadre ya será del XIX, uniendo el homenaje que, desde mediados del XIV, se dedica a la muerte con el aire festivo del Samhain.

Y la parte celta española, ¿celebraba el Samhain? Pues naturalmente que sí: el Samaín galaico que perdura en el folclore gallego y extiende sus raíces por Zamora, parte de León y norte de Cáceres. Recordemos que los celtas se expandieron exactamente por esa misma área peninsular. Recordemos que aún hay un lugar en España que se llama Lordemanos (Hombres del Norte; con novela y todo, de Miguel Angel Badal), en la provincia de León, junto a Cimanes de la Vega.

Cuando llegaba el Samhain, se vaciaban nabos para ponerles velas en su interior y representar las almas de los difuntos; cuando el Samaín  se vaciaban melones para lo mismo. En un momento determinado en Gran Bretaña, ante el auge del cultivo del nabo en la Revolución Agrícola británica (Sistema Norflok de Lord Charles Townshend, Vizconde Tonwshend; más conocido por Lord Turnip, Lord Nabo) se acude a la calabaza y todos tiran de ella… y recuerdan a Jack el Tacaño que engañó por dos veces al Diablo (y con él pactó) y al morir ni pudo entrar en el Cielo, por pactar con el diablo, ni fue admitido en el Infierno, por engañar dos veces al Diablo, y vaga por ahí con una luz mortecina dentro de un nabo para iluminarse en su perpetuo caminar… hasta que le cambiaron el nabo por la calabaza.

En fin, la historia de tres días de fiesta transformados en una vigilia de una noche… aunque a tenor del careto de las brujildas de esta mañana, trasegaron anoche todo lo de tres días.






[1] Momento de concentración en la víspera, por la noche, para preparar una celebración… de cuando los cristianos tenían que concentrarse, recluirse y evitar (en los tiempos de su persecución) ser descubiertos cuando preparaban una ceremonia.
[2] De Hallow viene holy, “santo/a”. Holy Bible, Santa Biblia; Holy Land, Tierra Santa

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