20 nov 2013

De mi gori gori por Canal 9


Recuerdo de mi niñez. Se cantaba lo de: “Cuando se muere un tonto lo llevan a enterrar, le cantan un gori gori y lo tiran al fosar”.

¿Introito?

El gori gori tiene que ver con los entierros. No sé si gori gori viene de Canto Gregoriano (gre-gori-ano), instaurado por el Papa Gregorio I -más conocido como San Gregorio Magno-, o de cuando el Papa Gregorio XIII -otro Gregorio-, el del calendario vigente (Calendario Gregoriano), reorganizó (siglo XVI) la cosa esa de los ritos y sus liturgias. El caso es que era un canto en latín, y no todos los clérigos de pueblo lo hablaban bien; ya no te digo la gente del pueblo llano y lego. Pocos de aquellos hombres y mujeres sabrían cómo se escribía (y pronunciaba) el “Kirileison” (Kyrie Eleison; Oh, Señor que ha sido traslocado al Señor ten piedad); pero lo repetían coríferamente. Por lo general, el “latinajo” solía ser corto y fácil. Pero en la liturgia funeraria, con eso del más allá  y lo de encomendar las almas, la cosa se prolongaba. Así, estaba el larguísimo “Dies Irae”, el complicado “Responsorium pro difuntis” y la compleja  “Antiphona II” donde el pueblo llano, y más de un clérigo, se perdían y terminaba haciendo un sonido guturalizado, ajeno al latín y a todo, que terminó por conocerse como gori-gori. Así que, a los difuntos les cantaban un gori-gori en Gre-gori-ano. Y así lo dice Federico García Lorca, en el Acto I de “La Casa de Bernarda Alba”, y don Ramón María del Valle-Inclán, en “Luces de Bohemia”. Y yo les creo, a pies juntillas. Pero, quién sabe si resulta que gori gori viene del viejo alingor (llevar, en la ancestral habla de Asturias), de cuando llevaban a uno en andas alingori gori y le salmodiaban camino del cementerio. O, ¿quién sabe?, si proviene de la ceremonia grotesca que hacía otros, en Cataluña (¡Vaya por Dios!), cada Miércoles de Ceniza (también de connotación funeraria) imponiendo harina en lugar de ceniza. El caso es que el gori gori es propio de funerales. Y aquí vamos a entonar uno por Canal 9, ahora Nou.
Por cierto ( y como a mí esto me va), al respecto del Calendario Gregoriano les cuento que es cosa del mismo Gregorio XIII que acabo de citar. Lo mandó instaurar el 4.10.1582 y el nuevo calendario sustituyó al Juliano, de Julio Cesar, instaurado, ahí es nada, en el 46 a.C. Es que el calendario Juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que el año solar y en 1582 resultaba que el Equinoccio de Primavera se nos adelantaba ya en 10 días… y eso debía ser malísimo para sembrar la alfalfa. El caso es que la bula Inter Gravissimas de Gregorio XIII estableció que al jueves 04.10.1582 le seguiría el vienes 15 de octubre de 1582. Quitando esos 10 días desaparecía el desfase  con el año solar, y para rematar la faena, y que no se tuvieran que tomar medidas similares, con el asesoramiento del astrónomo Clavius sentenció la encíclica que se eliminaran 3 años bisiestos cada 4 siglos. Y funciona este calendario en todo el mundo (194 países). Desde 1582 hasta 1923 todos los países del mundo se han ido adaptando a él…
…-…
Han  sido casi 17 años en la Casa y…  bueno, ahora serán más, ya que nos readmiten con vacaciones y/o licencia retribuida por unos días más. Y, como decía, por todo ese tiempo dedicado en cuerpo y alma a la Casa, yo también tendré derecho a entonar mi gori gori por Canal 9 RTVV.

He dejado pasar un cierto tiempo porque no salgo de mi asombro ante lo que veo y oigo. Ahí va.

Ya conté en otro Post mi vida en C9; hoy les cuento lo que entiendo que ha sido esa Casa... y le canto un gori gori. Yo trabajé (¿trabajo ahora?) en el Departamento de Informativos.

De Canal 9, juro que, nunca aguanté al cantante de Els Pavesos; es más, sus “monleonetes” me abochornaban. ¿Era esa mi televisión? Bueno, Telecinco tuvo a sus mamachichos y no les ha dado por suicidarse; aguantaré el tipo. Pero he de reconocer que a base de una chorra y pegadiza canción (A guanyar diners), sus vidrioles y los campanarios de la Comunitat Valenciana marcó, “El Show de Joan Monleón”, una época en la cadena. Y hoy se le recuerda. Pero Canal 9 es/fue mucho más. Incluso más que “Tómbola”.

Cuando en época de Joan Lerma (PSPV) la parieron (1989), ya la diseñaron como una magna obra de palmar dinero y como freno al pancatalanismo que se desbordaba ya por la margen derecha del río Cenia impulsado por los vecinos del norte con su TV3, creada 5 años antes. Esto hay que recordarlo; somos muy dados a olvidar y, las más de las veces, nos creamos nuestra propia intrahistoria. Y otra cosa sería saber si en todo este tiempo C9 ha servido para frenar el pancatalanismo.

Luego, con Eduardo Zaplana, José Luis Olivas, Francisco Camps y Alberto Fabra (PPcv) la cosa consistió en inyectarle dinero y aportarle más personal del ya había; personal incluso por concurso-oposición… porque cada equis tiempo había que convocar oposiciones y aumentar la plantilla (¿?). A esto, ¿qué voy a decir?, si yo entré así; por concurso-oposición.
Respecto al dinero que nos cuesta C9 resulta que con el PSOE ya los números rojos se medían en miles de millones de pesetas; pero con el PP han llegado a saltar la barrera de los mil millones… ¡de Euros! en deuda, y -leo por ahí en varios medio que- los dos mil millones en pérdidas…  (y 1€ = 166’386 ptas.), y ha seguido la pugna con TV3 hasta límites insospechados.

En fin, que con Canal 9 hablamos mayoritariamente de multiplicar los problemas económicos y el capítulo de personal que ha llegado a necesitar 81 millones de € anuales para funcionar. Desde 2008 la tele ha estado en el disparadero del cierre, carcomida por las deudas; recordemos, también que desde 1999 la Sindicatura de Cuentas lleva advirtiendo que la tele se encontraba en práctico proceso de disolución por la cuestión económica. Pero lo que ha matado a C9 ha sido otra cosa.

RTVV es/(era) el medio audiovisual más completo y potente de la Comunidad Valenciana. Su carácter -añadido al final del concepto de creación y coartada inicial- de medio público le confirió  esa necesidad de atender a todo lo que se moviera y ser servicio público para un territorio alargado que sólo vertebra la A7, ni siquiera la lengua valenciana (con sus modas y modismos), y que penetra hasta el interior apartado. Y mantener ese servicio, sin entrar a pringarse con detalles, es caro, muy caro. Y si encima nos complicamos la cosa con otros líos, no vean.

Sí, por si no lo recuerdan… yo les cuento porque me trabajé esto en su día. Todo esto comienza con la Ley del Tercer Canal (1983) que no hizo otra cosa que exportar los problemas -y vicios- de RTVE a los terceros canales de nueva factura que eran los autonómicos: clientelismo y control político de la información junto a notorio desequilibrio entre ingresos y gastos. A ver si no.

Y no hubo empacho en clonar RTVE (y eso que Dolly no nació hasta julio de 1996) con pinceladitas de cada Autonomía. Luego cada uno, en su autonómica, ha intentado “mejorar” la cosa. Ja, ja, ja. Y lo que ha mejorado ha sido la instrumentalización que inició el PSOE y mantuvo, cum laude, el PP. Pero esto no es novedad; es la triste realidad de las autonómicas se mire cómo se mire, aunque se vea como se ve.

Como siempre, para gustos: los colores. Y la tonalidad adquirida en Canal 9 estos últimos años, una vez que hemos perdido la referencia del Canal 9 de antes, admite todo tipo de matices e intensidades, pero siempre tuvo color. Ya saben aquello de que nada es verdad… porque todo depende del color del cristal con que se mira: el del PSOE o el del PP; incluso el de todos contra el PP.

La independencia de los Medios no existe; todos se deben a su cabecera. Y si esta es política; no les cuento. La libertad está en el que elije lo que ve, lo que lee, lo que oye. La libertad es del individuo. Pero el individuo (profesional) que está en el medio, en un medio que no puede cambiar, se acomoda o lo acomodan. Y si aceptamos en su día; callemos ahora. Era (es) un trabajo.

Luego también está la absurda competición del medio público por la audiencia y la publicidad, traicionando el concepto de servicio público. El estar en la FORTA tampoco contribuyó a mejorar las cosas. La FORTA no ofició de nexo; nadie quiso que eso fuera así… y ahí está la FORTA, que tal vez se merezca un Post… pero no en este.

Además, reconozcamos que Canal 9 se salió de madre en su última etapa. Sí, lo de la Fórmula 1 es de juzgado de guardia, y nos veían cuatro gatos; sí, lo del expolio a costa de la visita del Papa clama al cielo (nunca mejor encaminada la cosa); sí, lo de algunas productoras y sus programas, es para que la Fiscalía de turno actuara de oficio con alguno de los firmantes; sí, lo de los 81 millones para la Copa América es para que a más de uno se le atragantara la bebida; sí, lo de los 460 millones a los equipos de fútbol de la Comunitat es para nos lo hagamos mirar…  Es de vergüenza ese apoyo al Valencia, al Villarreal, etc.

Así, claro, resulta que entre todos la mataron (la matamos)… y ella sola se murió.

En 1999 el PP cambió la ley para que la Generalitat no tuviera que alimentar en solitario este monstruo que es aún RTVV y el Ente pudiera acceder a créditos y… ¡endeudarse! Y mira que eso lo ha hecho bien. Claro, con cargo a la tele se “resolvían” cientos de cosas que todos admitieron.

En fin: plantilla grande a más no poder, máxima atención al que gobierna desde el Palau, despilfarro y delirios de grandeza llevan a esto. La “Grandeur” sólo se la puede permitir Francia; y el gallo galo está perdiendo plumaje.

Pero aún cuando la cosa está caliente, no me valen los golpes de pecho que alguno/alguna se está dando. Ese entonar el mea culpa y el pedir perdón ahora me huele a chamusquina (cosas de la Inquisición) más que a cuerno quemado (también del fuego inquisitorial, pero por cornudo). Es que, ¿nunca antes hubo un momento para esa denuncia? Cada uno a sus espaldas, o en su conciencia, lleva lo que lleva. Tal vez es que no me tocó ninguna cuestión peliaguda pero el caso es que estos casi 17 años (o más, quílosá) trabajé muy a gusto en mis cometidos de documentación y análisis y hoy sé que no tengo la culpa de nada y, encima, que no tengo que pedir perdón a nadie. Me echaron (y me echarán, luego de readmitirme por unos días) porque quisieron; no porque -ni en un solo instante- hiciera mi trabajo mal.

Ante todo, profesional. Y hasta aquí mi gori-gori.

Descanse en paz RTVV.  



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