24 may. 2014

DE LA DEPURACIÓN DE LAS AGUAS, Y SU CONSUMO


Se quejaba el otro día el amigo Paco Amillo de que, ante la sequía que estamos padeciendo, en los últimos tiempos no se hubieran hecho actuaciones que, a todas luces, son necesarias para asegurar los abastecimientos y el regadío. Y señalaba las posibilidades de la depuración y el uso de las aguas depuradas.

Hasta hace bien poco, incluso en esta tierra de supina indigencia hídrica, considerábamos el agua como un recurso prácticamente ilimitado. Y la verdad es que sí, pero a qué precio. La reutilización planificada del agua ha cobrado protagonismo sólo en las tres últimas décadas, una vez que la desigual distribución de los recursos ha entrado en litigio con la también desigual distribución de las precipitaciones, de las dispares situaciones climatológicas (abundantes periodos secos), la consabida y alta demanda de agua para regadíos, la -en ocasiones- poco racional demanda urbana y la necesidad de preservar los abastecimientos, especialmente en las zonas de demanda turística.

Las aguas residuales tratadas se han convertido en un objetivo del hombre… desde la antigüedad. Aquí podríamos traer a colación ejemplos de tratamientos de aguas (y aguas residuales) desde la civilización Minoica (isla de Creta; por el 3.000 a.C.). Todo esto está muy bien contarlo, pero la cruel realidad es que hasta 1890 no se construye en Worcester (Massachussetts, USA) la primera planta de tratamiento de aguas residuales mediante precipitación química para reutilizar esa agua tratada. Desde 1890 hasta aquí la cosa ha cambiado mucho y gracias a las Directivas de la UE podemos decir que hemos avanzado.

En los años 20 del siglo XX, en los EEUU, en Arizona y California, se comenzó a reutilizar el agua para usos agrícolas. En España, en 1927, se comienzan las primeras actuaciones en Madrid [Depuradora de la China (1927) y Estación Experimental de Fangos Activos de Méndez Álvaro (1929)] y Reus (1937; Depuradora de El Molinet, en plena Guerra Civil). Y eso se produce porque en 1933 se planteó a José Paz Maroto acometer un plan de ámbito nacional a ese respecto, y Maroto se lo curró.

Esquema EDAR tratamientos primario y secundario,
y línea de fangos
Luego, hasta finales de los años 50 no se llegó a reconsiderar el tema, pero a partir de 1952 se comenzó a hablar de depuración para reutilización y cada cual hizo la guerra por su cuenta (Madrid, Barcelona, Valencia, Burgos, Tenerife y Sevilla) hasta que en 1974, para ordenar un poco el cirio montado, el Centro de Estudios Hidrográficos elaboró unas Recomendaciones para el Diseño de Instalaciones de Depuración. Más que nada porque el Plan Especial de la Costa Brava (1971) y el Plan Especial de las Islas Baleares (1972) ya comenzaban a contemplar las posibilidades de la depuración y la reutilización de las aguas depuradas con la vista puesta en ofrecer una adecuada infraestructura sanitaria para seguir desarrollando la actividad turística.

Ha paso mucho tiempo, y ahora mismo, por mor de la UE, tenemos aguas residuales domésticas (procedentes de zonas de viviendas y servicios, generadas por el metabolismo humano y las actividades domésticas), aguas residuales industriales (vertidas desde locales utilizados para actividades comerciales e industriales), aguas de escorrentía pluvial (las de lluvia; cuando llueve) y aguas residuales urbanas que son la suma de las residuales domésticas, las residuales industriales y las de escorrentía pluvial. Llegados aquí, hay que dar un tirón de orejas a quienes friegan sus locales y aceras y vierten las aguas (negras, negrísimas) a los imbornales de la red de pluviales. Esas aguas de fregar, por otros motivos, no debieran ir al sistema de pluviales; no todas las pluviales terminan en la red de reciclado. No entiendo yo cómo la Fiscalía no actúa de oficio contra tamaña insensatez rayana con lo delictivo; no entiendo como hay personas tan insensatas. Esas aguas, al inodoro.

El caso es que entre el 60 y el 85% del agua potable que se distribuye por la red llega a ganarse a pulso el título de agua residual[1], que se debe tratar para ir a otros usos.

En España (con datos del MAGRAMA), el 71% del agua depurada va a la agricultura, el 17’7% a cuestiones medioambientales, un 7’1% se destina a usos recreativos, un 4% a usos urbanos y un 0’3% a usos industriales. Todas estas aguas deben tener unos mínimos de salubridad y los usos agrícolas son los de regadío de hortalizas, pastos, herbáceos, leñosos, frutales, ornamentales, forrajes y acuicultura; también se emplean en recargas directas e indirectas de acuíferos, regadíos en bosques, silvicultura, mantenimiento de humedales y caudales mínimos (con estándares muy concretos); riego de campos de golf y estanques sin acceso público; riego de jardines y zonas verdes, cisternas de retretes, baldeo de calles, lavado de vehículos y uso contraincendios, cuestiones todas ellas en las que el agua, llamemos “de boca” puede muy bien ser sustituida.

El uso industrial, sólo un 0’3%, tiene mucho que ver con las restricciones. Porque, por ley, está prohibido, salvo muy especiales casos de situaciones de emergencia y catástrofes supervisados siempre por Sanidad, el consumo humano, el uso en la industria alimentaria, en hospitales, en aguas de baño, en fuentes ornamentales en espacios públicos,  en el cultivo de moluscos de filtración y, en cuanto usos industriales, restricción concreta para el uso en torres de refrigeración y condensadores evaporíticos; en fín, sólo en determinadas fases de limpieza industrial.

La Comunitat Valenciana tiene una extensión de 23.296 km2 y una pluviometría de 450 mm. La demanda de consumo es de 3.454 Hm3/año (2.641 para agricultura, 556 para abastecimientos urbanos, 107 para abastecimientos industriales y 150 exclusivamente para el sector turismo) y los recursos suelen sumar (dependiendo de los aportes del Tajo-Segura que rondan los 160 Hm3) 3.184 Hm3. El déficit hídrico inicial es de 270 Hm3. Las 467 estaciones depuradoras de aguas residuales (162 en Alicante, 111 en Castellón y 189 en Valencia) aportan 1’8 Hm3 de agua recuperadas.



Sólo en Namibia[2], y mira que hay países en el mundo que necesitan agua y no consiguen toda la que necesitan, hay legislación que admite el uso de agua residuales tratadas y recuperadas para abastecimiento y consumo humano. En los EEUU se han hecho varios intentos (Proyecto Denver, Denver, Colorado, años 80) y, ahora mismo, en California hay compañías que la producen, pero sin conseguir aceptación por el consumidor.

Se trabaja en la actualidad en poder inyectar esa agua en acuíferos y dejarla que asuma cierto proceso de naturalización antes de que llegue de nuevo al consumidor, tras tratamientos de potabilización.

El problema es que, aun venciendo las reticencias de consumo (todos sabemos de dónde viene), el precio final es muy alto (por eso se abandonó el Proyecto Denver tras una década de operatividad) y si tenemos que “dejarla ‘envejecer’ en acuíferos naturales” para vencer el inicial rechazo social, el precio se dispara aún más.

En los EEUU están en marcha algunos desarrollos que esperan, que para 2019, poder ofrecer agua tratada, procedente de plantas de tratamiento de residuales, que tenga todas las características y, la clave, “sepa a agua”. Hasta ahora, el agua residual tratada para consumo humano, dicen los que la han probado,” no sabe a agua”.

Y todo esto, querido Paco, después de no querer saber que el volumen de agua en el planeta Tierra es el mismo desde la “creación(1.460 millones de kilómetros cúbicos); vamos, que alguno de nosotros ha tenido que beber agua con restos del pipí de Tutankamón el día que cumplió 10 añitos… y en cien años, todos calvos.






[1] UN-WATER 2013
[2] Namibia se localiza en una zona desértica dominada por el desierto del Namib-Naukluft (desierto upwelling generado por la corriente fría de Benguela frente a sus costas), que le da su nombre al país, y salvo la zona norteña, todo el país es un lugar seco y desértico con escasa precipitación pluvial donde todo lo más abunda la sabana arbolada (285 mm/año; media 2009-2013). El resto del país es dominio del desierto del Kalahari (Gran Sed) que se extiende por el este del país. En la costa norte aún se localiza una zona desértica llamada Desierto de Kaoko.









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