9 nov. 2010

La "prima" de Riesgo... y el talibán ortográfico que soy

Sí, Riesgo, con “r” mayúscula (R). Jorge Riesgo era un compañero en aquellos tiempos del Bachiller de antes, y su prima era -nos parecía- la chica más bonita que se podía entonces imaginar. Era ovetense, y cuando venía en verano embelesaba con su hablar, sus dejes fonéticos… y sus insinuantes curvas. Ahora, como está la economía, cada vez que oigo hablar de la triste prima de riesgo (con “r” minúscula) me acuerdo de ella. Que no hay mal que por bien no venga. Es más; me he tirado toda la tarde buscando en Internet a “mi” Jorge Riesgo del Bachiller y no he dado con una pista fiable. No obstante, Jorge, si leyeras esto, un afectuoso saludo, por los viejos tiempos... y que sepas que me sigo acordando… de tu prima. Las cosas de ZP, Master del Universo en Economía, me la recuerdan cada vez que sale la cuestión (la prima de riesgo). Y es hasta bonito.

Lali (Eulalia) siempre llevaba consigo aquél magnetófono a cassette Philips, el monomando que hoy diríamos, y todos pugnábamos por llevar la música más “guapa” del momento… tipo Ana y Johny (Yo también necesito amar)… a la playa y a cualquier sarao que montábamos. Las cintas eran monotema (hiperlentas, hiperéxitos, hiperchabacanas… “cuatro ojos que tiene el puente, yo tengo tres solamente, dos son para mirarte y el otro para hacer de vientre…” a ritmo de rock). Y la manía era copiar las letras para aprendernoslas. Y la dueña del Philips era Lali, y Lali transcribía…

Como no todo es perfecto, Laly, la prima de Riesgo, tenía su particular guerra, perdida entonces, con la ortografía; más que nada, con la acentuación, con las tildes… que decían. Ahora le dices “ponle la tilde a esa palabra” a un personaje de estos salidos de la LOGSE, que ponen en clave mensajes SMS, y te esputa ¡tu padre!, cuando menos.

Hoy Lali habría ganado aquella batalla: los acentos, para ella, eran una quimera… y ahora, me entero, que la mitad de mis viejas palabras ya no lo llevan. Así, “guion”, “hui” (del verbo huir), “riais”, “Sion” (ahora no tendremos problemas con “El priorato de Sion”) o “truhan”… ¡¡ya no se acentúan!! Las Academias de la Lengua (la de España y las de Iberoamérica) se han puesto de acuerdo y Lali, la prima de Riesgo, ya no tendrá problema (la supongo aún por el mundo).

Yo, adelanto -y aprovecho la ocasión, querida Laly- voy a seguir con los acentos en esas palabras y llamado “i griega” a la “y” por más que se empeñen en llamarla “ye”. Acepto que el abecedario se me quede en 27 letras, pero yo siempre, de corridillo, soltaré las 29 porque la “ch” (che) me gusta -¿se acuerdan del chiste: ¿horchata se escribe con “h”?; claro, si nó se diría horcata- y la “ll” (elle) más. Nunca dije aquello de “be alta” y “be baja”, que para ello me enseñaron que eran la “b” (be) y la “v” (uve); acentuaré pronombres y demostrativos -y hasta el adverbio “sólo”, cuando corresponda- como siempre he hecho, y las cifras, cuando toque, las seguiré separando con una “ó” (acentuada) porque cuando escribes con “georgia” (que me gusta por voluptuosa) es complicado, a primer golpe de vista, distinguir la cantidad si escribimos 405 o 4 ó 5… y seguiré escribiendo “quórum” y “Qatar” e “Iraq” porque, en este caso, si tengo la posibilidad de escribir (y decir) “A Coruña” por “La Coruña”, ¿quién coño me va a dictar norma para que a tal o cuál país lo llame por su nombre “original” o adoptado como tal?

En esto, recordada Laly, yo es que soy muy talibán alicantino. Y, en ese mismo orden de empecinamiento, por mucho Concilio, o lo que sea, yo, el Padrenuestro… de cuando me lo enseñaron…

Yo, erre que erre en esto como en todo.

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