22 nov. 2012

DE LA CAÑAFÍSTULA; DE LO QUE LLEVAMOS LOS ESPAÑOLES A AMÉRICA DESDE 1493 (II)



Vuelvo al libro de ayer: “La transferencia de Tecnología Agronómica de España a América de 1492 a 1598”, de Laura Mª Iglesias Gómez. Allí leí sobre la cañafístula.

Fue una gozada darme de bruces, otra vez, con la cañafístula. Fue como volver a la Escuela de Ingenieros Técnicos Agrícolas (EUITA, SD Orihuela), al “campus” de Desamparados, al bar del tío Pepe, a las veredas, a las partidas de dominó, a finales de los 70. Allí el bueno de Federico Guardiola nos habló de la cañafístula, la casia purgante, un árbol de porte que era “mano de santo” como laxante y otras cosas más. Pero apenas si quedaban algunos raros ejemplares en el suelo patrio, se decía entonces. Y se acabó lo de la cañafístula.

Volví a oír de la cañafístula cuando la Expo de Sevilla. Andaba yo por aquellos lares con Antena 3 de Radio cuando se recuperaron ejemplares para Sevilla y lucieron sus verdes y amarillos, muy lustroso, en los fastos del 5º Centenario, en 1992. Cuatro años antes se habían realizado algunas experiencias de reintroducción en suelo murciano.

Pero a lo nuestro: a principios del XVI se plantaron ejemplares de cañafístula  por el Nuevo Mundo y hoy en día se consideran las cassias como árboles indígenas de aquél continente.

Las cassias tienen un fruto en vaina, con semillas, y desde tiempos de los árabes en la península, pues con ellos llegaron, las vainas y sus semillas se usaban como laxante, bien en infusión, bien por consumo directo. Pero además servían para tratar catarros, gripes, refriados, sarampión, tos, tos ferina, varicela, diabetes e infecciones urinarias. Con sus flores se preparaba un jarabe para el estreñimiento; con sus hojas, infusiones para tratar enfermedades renales y cálculos biliares; para las picaduras de avispas se aplicaba directamente una hoja; se hacían cataplasmas con la pulpa de las vainas para tratar golpes y contusiones, reumatismo y hasta mordeduras de serpientes. También dicen que curaban tumores. Sus rizomas servían para afecciones cutáneas, y la corteza del árbol tenía usos astringentes. Vamos, una botica vegetal de primer orden. Tan útil como el cerdo.

Con los árabes llegaron varios tipos de cassias a la península, aunque algunas ya estaban aquí desde tiempos de los romanos; pero pocas. Se trata de especies pantropicales originarias de Etiopía y no siempre arraigaban en estos suelos. Los tratados de médicos árabes del siglo X como Ibn Wafid e Inb Bayyah (conocido en los escritos en latín como Avempace) ya señalan las ventajas medicinales de las cassias. Las Concordias de Barcelona[1], segundo tratado europeo de farmacopea redactado en 1510 por Bernardo Doménech y Juan Benedicto Pau tras el privilegio de Fernando el Católico al Col.legi d’Apotecaris de Barcelona, y que son un compendio de todas las artes farmacéuticas del momento, contienen las fórmulas magistrales del momento con las cassias. Eran remedios caros, pues escaseaban las cassias.

Y por fin, desde el primer tercio del XVI, las vainas, las flores y las hojas estaban a disposición de todos, en abundancia y a buen precio. Es que llegaba de América donde se desarrollaban a plenitud las cassias. Y de España, al resto de Europa donde también eran conocidas; Purging cassia tree, de los británicos, o el Purgier Kassie de los teutones…

Y al libro de Laura María.

Colón, cuando el primer viaje, fue con lo puesto. Iba en busca de las islas de la especies y pensaba conseguirlo allí todo. Como sabía lo que había, para el segundo viaje ya se llevó de todo. Pero en el equipaje de especies vegetales no estaban las cassias, pero hubo otros viajes y otros exploradores… aunque tampoco las pusieron en el equipaje de material vegetal con destino al Nuevo Mundo. Pero hubo un golpe de suerte, cuanta Laura María: “a partir de una pepita expulsada por un enfermo que la había consumido como purgante” comenzó la historia de la casia purgante en América. Hay dos crónicas que así lo reflejan: la Carta del Licenciado Alonso Zuazo al Padre Fray Luis de Figueroa (1521) y el Sumario de la Natural y General Historia de la Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1526). El año parece que fue 1.507, en el pueblito de Concepción de la Vega (hoy República Dominicana, entonces Isla La Española)… y en 1515 se obtuvieron las primeras cañafístulas que hasta se enviaron a Sevilla y a buen precio…

La cañafístula se conoce por toda Hispanoamérica como “Lluvia de Oro”. No debe ser confundida con la cañandonga o cañafístula cimarrona (carao, árbol de artigas, ibirá-pitá, pié apestoso…), la cassia grandis que también tiene propiedades farmacéuticas y que también llegó de por aquí… aunque ya no sé si también fue “expulsada” por algún otro enfermo. En América hay otras cassias más, pero cañafístula (cassia purgante) y con tan singular origen… no hay ninguna otra.




[1] Concordia Pharmacopolarum Barcinonensium de componendis medicamengtis compositis quórum in pharmacopoliis versus et nuper accurate recognita diligenter expurgata et antiquae integritati fideliter restituta, Consulibus Collegij Pharmacopularum Bernardo Domenech & Ioanne Benedicto Pau. Octubre de 1511

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