23 nov. 2014

DE CUANDO UNO SE PONE FILOSOFAL; Y TODO POR UNA CANCIÓN Y UN BUEN VEGUERO


Esta mañana me han sorprendido con la canción de Rodolfo Sciammarella, “Salud, dinero y amor”. ¿Bonita, no?; ¿pasadísima, sí? Y aún la sigo farfullando por lo bajinis a estas horas de la noche, cuando esto escribo.

Argentino él, Sciammarella fue un peronista de pro (de los de Evita Perón, a la que dedicó incluso, la marcha “Evita, capitana”) que terminó exiliado en México y España (a la caída del peronismo), aunque acabó regresando a Buenos Aires. Su canción es de 1941 y en algún momento dado de los años 60 la repopularizó el argentino Palito Ortega y revitalizaron Cristina y Los Stop. ¡Hui, qué mayor soy!

Hoy ha sonado en la radio el vals, es que se compuso como vals, “Salud, dinero y amor” y me he acordado de haberla oído, en la huerta de Orihuela y en aquellos maravillosos años sesenta, en la versión bizarra de la España de postguerra.

La canción, como dije, es del 41, y en versión patria de la España racial del estraperlo y las estrecheces la cambió por “Tres cosas hay en la vida: / sarna, rasquija y picor. / El que tenga estas tres cosas, / que se muera en gracia de Dios. / Pues con ellas uno vive, / hundido en la preocupación. / Por eso quiero que aprendan, / el refrán de esta canción: / El que tenga un jamón, / que lo cure y se lo coma. / Porque vienen los de Abastos, / y lo racionan. Y lo racionan”.

Y tras sonreír, me he puesto melodramático pensando todas las cosas que hay en la vida, que son más de tres. Y luego me he acordado del refrán chileno que me refirió un amigo en uno de aquellos viajes de turismo que organizaba FEPET: “Hay tres cosas en la vida donde no importa el idioma: el deporte, la música y el sexo”.

Y reflexioné; y creo que es verdad. Y así comencé a reflexionar más mientras paseaba a Putoperro de los Cojones , el semoviente de la unidad familiar, mientras daba cuenta (cortita -pero intensa- cuenta) de un Short Churchills que me ha traído el amigo Josmaría Díez del Sautter de Londres (106 de Mount Street; en el Mayfair).

Y ya paseando al bicho me he acordado de otro dicho: “Hay tres cosas que nunca vuelven: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida”. El boomerang, sí. Y aún me acordé de otro, incluso procaz: “Los enemigos del hombre son tres: suegra, cuñada y mujer”. ¡Jo con el humo de este genial Romeo y Julieta de excelente calibre!

Y he ido a más: es que resulta que siempre hay 3 cosas. ¿La magia del tres?

Y ya me he cubierto de gloria: siempre oí que hay tres cosas que sólo un niño puede enseñar a un adulto: “a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir algo con todas sus fuerzas”.

Y se ha acabado el veguero y he tenido que regresar a casa. Putoperro ha hecho todas sus necesidades y yo he cavilado de lo lindo.

Por eso, tal vez sea mejor que deje de pensar; que aún es domingo cuando esto escribo y me acerco peligrosamente a la encrucijada del Problema de Monty Hall. Sí, de todas las triadas que he señalado, elegir uno entre tres. Pero eso es para los programas televisivos que bordaba Chicho Ibáñez Serrador, como el “1, 2, 3…”. Siempre tres cosas, sabiendo que una era un coche y las otras dos podías ser dos cabras… o la Ruperta de turno, la calabaza.

En fin, que la intuición puede hacer que nos equivoquemos… y para no equivocarme, yo comencé contando lo de la canción.

Y ya que he citado a Cristina y Los Stop, debo confesarles que a mí, de ellos, la canción que me gustaba es la de “El turista 1.999.999”, aunque hablara de Mallorca. Cristina volvió a los escenarios en el siglo XXI como Cristina Stop. Si la ven, denle recuerdos…

Ah, y que no se me olvide que Sciammarella, antes de volverse a Argentina, del tiempo que estuvo en España trabajando el publicidad, y porque se acerca Diciembre y la Navidad, les cuento que nos dejó aquello de “El Lobo, que buen turrón. / El Lobo, que buen turrón. / El lobo, es un manjar; / es el turrón que endulzará su paladar. / El Lobo, que gran turrón.




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