11 dic 2018

DE POLÍTICA TURÍSTICA EN ESTE PAÍS (IV) – De la 1ª vez que hubo política turística en España




Y aunque costó lo suyo saberlo, cuando en 1949 se firman los primeros créditos de bancos USA a España, Luis Botín montó una gran campaña de promoción por los EEUU. En  el  mes de enero de 1950 se lanzó a una gira de dos meses abriendo oficinas de turismo en NY, Chicago, LA y San Francisco e invitando a visitar España a una delegación de periodistas estadounidenses. 37 se presentaron y se los trajo a Madrid; el 7 de febrero de 1950 llegaban a Barajas. Tras una semanita de visitas por la España imperial, los despidió muy cordialmente y se embarcó, como postrer servicio en su cargo, en una rápida descubierta por Europa -Francia, Italia y Grecia (¿?)-, para lo mismo y con el mismo éxito y resultados. Al final, recogió sus frutos: algo más de 750.000 turistas para el último estertor de las década de los 40.

Después de estos viajes y las campañas de promoción, la década de los 50 la abrimos abriendo el Ministerio de Información y Turismo (19.07.1951) con secciones de “Censura” (en realidad se llama Información; pero hoy estoy un poco revoltoso), Prensa, Radio, Cine, Teatro y Turismo. El ministro era Gabriel Arias Salgado y el director general de Turismo fue Mariano Urzáiz y Silva, conde del Puerto (del Puerto de Santa María). En fin, que en 1951 se creó como un ministerio como Ministerio de Propaganda, pero en materia de Turismo, la mejor propaganda. Se lo curró.

La base era informar a la opinión pública de la acción de gobierno (Ministerio de Información) por todos los medios (prensa, radio y tv) y colaron los espectáculos (cine y teatro) por en medio que también hacía su papel. Pero la principal misión era hacer lo que sea para nivelar la balanza de pagos con la entrada de divisas: incidir en el Turismo.

Y es, pese a ello, a partir de este momento cuando podemos hablar de una auténtica política turística en España. Hasta entonces, acciones relacionadas con viajes y estancias con objetivos de cultura y naturaleza, principalmente. A partir de 1951 y ante los éxitos de Botín de 1950 por EEUU y Europa, se asume la promoción como propaganda, se implica al sector privado en el desarrollo de la industria turística -se les invita a asumir un riesgo, porque ya veremos- y, desde el nuevo rincón del reciente ministerio se empieza a insistir en la necesidad de adecuar el país a las necesidades del turismo. Carreteras, aeropuertos e infraestructuras básicas fue lo más demandado.

Tal vez debieran haber sido primero las infraestructuras básicas, pero como atraía como estaba el país, pues se dejó para ese tercer lugar.

Ojo, que en 1951 se crea una Comisión Interministerial de Turismo y el director general de Turismo -y cuando compete, el señor ministro- se convierte en el monstruo de las galleta del Gobierno: un arbellón sin fin. Se elabora el primer Plan General de Intervención Pública en el Turismo que luego se dulcificará -los ministros protestaban de las injerencias del colega de Turismo- como Plan Nacional de Turismo (1953) que entiende el carácter dinamizador de la actividad turística, el impacto en la balanza de pagos y que -pildorazo del Régimen- los turistas que nos visiten se convertirán en nuestros principales propagandistas.

Lo primero, facilitar los trámites en fronteras; después, aumentar la capacidad de alojamiento, una Escuela Superior de Hostelería, regular la actividad del camping, quintuplicar el presupuesto de propaganda exterior y crear un instrumento de planificación del desarrollo turístico a través de la declaración de Zonas de Interés Turístico… que no fueron el auténtico planificador que se necesitaba. Pero se intentó.

Al acabar el año: 1’26 millones de turistas y 29’5 millones de dólares de ingresos.

Y esa política turística embrionaria de 1951 sirvió para que se implantaran, con fuerza, nuevas profesiones: Guía de Turismo, Guía-Intérprete de Turismo (Ah, los idiomas) y Guía Correo de Turismo.

Incluso se reguló el alojamiento de turistas en casas particulares (05.06.1953) que hasta entonces era una práctica habitual pero ajena a regulación y control… como lo siguió siendo hasta el cisma de hoy en día. Estaba regulado; se sabía, pero en aquella España del apretón de manos como cierre de trato era una actividad que solventaba muchas cuestiones económicas del duro invierno -gracias al alquiler del verano- en pueblos de costa donde le dejabas la casa a los de la capital -y te ibas a la caseta de pescador de la playa a pasar los tres meses- era normal y nadie entraba en detalles. Porque el veraneo eran tres meses y de eso comenzaba a tratarse, aunque lo más de los ciudadanos pensaran en echar colchones al Pegaso y bajo las lonas y en la caja del camión pasar un largo de fin de semana de verano en la playa. Con albornoz al salir del agua, pero con el deseo de vivir al modo de los europeos el verano.

Eso sí, para la red estatal de alojamiento se dieron unos privilegios: monopolio estatal para los términos “Parador” y “Albergue” (nadie podía llamar a su nuevo hotel “Parador Tal” o “Albergue Cual”) y un radio de 10 kilómetros de segura exclusividad frente a cualesquiera otra instalación hotelera privada (17.02.1956).

Se hicieron algunas barrabasadas más. Y esta que les refiero ahora fue con el mundo del cine. Ya que compartían Ministerio, Cine y Turismo comenzaron a ir de la mano en algún bodrio patrio. Tal es el caso de “Veraneo en España” (1956), dirigida por Miguel Iglesias Bonns, con el elenco protagonista de Paco Martínez Soria y la pareja artística del Príncipe Gitano y Dolores Vargas; y el secundario de Emilio Fábregas, Diana Mayer y Mary Santpere. Un millonario inglés, Mr. Andrew Kerrygham del mismísimo London, que se enamora en un viaje de verano de una “andaluza” -que no lo es- y que pertenece a una banda de estafadores. Ah, se vuelven locos los españoles de entonces, en la peli, al ver un transistor[1]… del tamaño de un ladrillo.
Ni se pusieron de acuerdo en el cartel; se mascaba la tragedia. Película no apta ni para orates. 


En el 57 se reguló de nuevo la Hostelería refundiendo las reglamentaciones vigentes y salió una nueva clasificación hotelera, la nueva regulación de precios y la regularización de los procedimientos de inspección y sanción administrativa para disponer de unos servicios de primer nivel… que fueron un poco a su aire.

Facilidades aduaneras al turismo posibilitaron la importación de vehículos particulares y hasta se potenciaron las cuestiones relativas al incremento de llegadas por vía aérea.

Y camino del Plan de Estabilización de 1959 se consiguieron firmar convenios entre la norteamericana ICA -International Cooperation Administration[2]- que posibilitaron a la Oficina Española para las Relaciones con Norteamérica recibir un primer crédito de 122,5 millones de pesetas dirigido en exclusividad al desarrollo del sector turístico y que en años siguientes se incrementarían. La ICA se implicó de lleno en el desarrollo del incipiente turismo en España.







[1] Radio a transistores; radiorreceptor a transistores: pequeño receptor de radio portátil que utiliza circuitos electrónicos a base de transistores popularizado a partir de 1954 y que se popularizó durante las décadas de 1960 y 1970, cambiando los hábitos de las personas al permitirles escuchar música y noticias donde quiera que fueran. A partir de comienzos de la década de 1980 las radios a transistores AM fueron superadas por dispositivos con mejor calidad de audio y portabilidad. [Aclaración para los dela ESO y posteriores]
[2] Agencia predecesora de la Agencia Norteamericana de Desarrollo internacional (US AID). Operó entre 1955 y 1961

No hay comentarios:

Publicar un comentario