12 nov 2019

DE LA CÉDULA DE VECINDAD AL DNI; UN REPASO AL NÚMERO QUE NOS MARCA




A propósito del DNI que ha cumplido 75 años… si hacemos caso al Decreto de 2 de marzo de 1944 que viene de la Ley de 19 de enero de 1943, de Presidencia de Gobierno, que dicta la disposiciones para sustituir la Cédula de Identidad personal por el Documento Nacional de Identidad -DNI- para todos los españoles como nuevo identificador numérico de los españoles. La realidad es más prosaica y el DNI no llegó a todos los españoles, por obligatoridad, hasta 1962.

En 1944 se dijo que los mayores de dieciséis años residentes en España estaban obligados a adquirir ese documento; y a los pobres de solemnidad o en paro forzoso se les facilitaría gratuitamente.

El DNI es un documento público, personal e intransferible, emitido hoy en día por el Ministerio del Interior, que acredita la identidad y los datos personales de su titular, así como la nacionalidad española del mismo. Y resulta que todos los españoles tienen derecho a que se les expida el DNI, siendo obligatorio para los mayores de 14 residentes en España y para los de igual edad, residiendo en el extranjero, que se trasladen a España por un tiempo superior a seis meses. Los menores de 14 años podrán obtener el DNI con carácter voluntario.

Echemos la vista atrás. Volvamos a la fecha por la que conmemoramos en 2019, oficialmente, el 75 Aniversario del DNI.

La verdad es que la cuestión de la implantación con ámbito nacional de la medida de 1944 tenía un claro tinte controlador, pero nos situaba en el contexto mundial imperante. El Decreto de hace 75 años señala que primero se expediría el DNI a los que estaban en presión, prisión atenuada, libertad vigilada y a los que cambien de residencia o domicilio con frecuencia. Luego, ya, a todos…

Zaragoza contó con el primer equipo operativo, pero el primer DNI se le expidió a una mujer, en 1951, en Valencia, como prueba. Esto ocurría seis años después del decreto, cuando hubo dinero, maquinaria y papel que evitara en lo posible la falsificación para poder poner en marcha el entramado de equipos para expedir el famoso documento.

El Semanario “El Español” daba rimbombante cuenta de la implantación del DNI en 1951

Así pues, Franco no tuvo el primer DNI; aunque sí el primer número. Y fue obligatorio el DNI a partir de 1962… que desde 1944 ya había llovido a pesar, incluso, de la pertinaz sequía.

La medida de identificar a las personas otorgándoles un número único individual se implanta, por primera vez, en 1829 en el Reino Unido a propuesta de Sir Robert Peel que también pretendía una identificación “de los malos” de la película de la vida. Mr. Peel había sido el fundador, en 1814, del cuerpo de policía de Irlanda, el Royal Irish Constabulary, y en 1828, reorganizó el cuerpo de policía de Londres, los populares Bow Street Runners (desde su fundación en 1749), creando la Metropolitan Police Force (MPF; 1829) que conocemos como Scotland Yard… porque su sede estaba en el número 4 de Whitehall Place… pero la puerta trasera, la de entrada de maleantes detenidos, estaba en la trasera, en la calle Great Scotland Yard.

En España esto del siglo XIX y la identificación de las personas se arregla con la llamada Cédula de Vecindad (Ley de 15 de febrero de 1854) a instancias del ministro José Luís Sartorius; y se inventa como documento comprobante de haber pagado impuestos, en función del nivel de renta, por que lo que la ley excluye de ella -artículo 3- “a los pobres de solemnidad, peregrinos, braceros y obreros de jornal diario, viudas y huérfanos” siempre que sus rentas no pasen “de 1.500 rs” (reales, la moneda de entonces; y circulaban monedas de ¡una décima de real!, con que imagínense cómo  estaba la economía del país).

La Cédula de Vecindad, primer documento de identificación individual y personal español, no fue concebida como controladora de la población porque excluía a la masa obrera, la “peligrosa”, por revolucionaria, de aquellos días.

Los pasaportes, salvoconductos, que se expedían desde el siglo XV, sí tenían ese concepto. Pero esa es otra historia.

Segismundo Moret, ministro de Hacienda, acomete el segundo empujón de identificación de los españoles con su Cédula de Empadronamiento (1871) y como justificación del pago de otro impuesto. Sin este documento no se podía litigar, realizar gestiones ante la administración, desempeñar cargos y empleos públicos, practicar actividades de comercio o industria, etc. Y había diversos modelos y tipos. Es de entonces la frase “¡Ud. no sabe con quien está hablando!”; que viene de aquellos días donde estas células indicaban a las claras el nivel de quienes la portaban y no todos los funcionarios eran capaces de adivinar el nivel del personaje en función de la Cédula de Empadronamiento exhibida.

El impuesto que otorgaba este documento fue abolido por la I República (1873) e inmediatamente reinstaurado durante la Regencia del general Serrano (1874), otorgándole al nuevo documento el nombre de Cédula Personal, manteniendo las muchas categorías (y tarifas que tenía) en función de la renta; pero ya identificaba plenamente al portador.

En 1891, el censo de españoles mayores de 14 años fue de 11.559.045; y tenían Cédula de Empadronamiento 6.768.213 españoles. Vamos, que el 58’5% de la población “estaba -fiscalmente- controlada”… con lo que el 41’5% restante eran unos “sin papeles”.

Cédula Personal; 1896

El ministro (de Hacienda, nuevamente) Raimundo Fernández-Villaverde (1899), durante el gobierno Silvela-Polavieja, implantó 35 categorías en la Cédula de Empadronamiento y… así llegamos a 1922 con 35 categorías económicas de españoles documentados.

El primer Documento de Identidad español, con tal nombre, llega en la dictablanda del general Dámaso Berenguer (Real Decreto de 22 de julio de 1930) con criterio de identificación personal ante las urnas. Y el tema lo continuó el almirante Juan Bautista Aznar (Real Orden de Gobernación de 21 de marzo de 1931) que pasará el criterio identificador del Ministerio de Hacienda al de Gobernación… y es en pleno trámite cuando llega la II República y le vuelve a adjudicar el marchamo fiscal y lo cuaja de particularidades de prolija enumeración para esta ocasión.

En 1940 todavía la identificación era con Cédulas Personales a través de las Diputacioones

Digamos que el documento, para la República, se queda a medio camino entre lo que pretendían los técnicos de 1930-31 y lo que implantaron desde 1951 los gobiernos de Franco: ficheros provinciales de identificación de personas, a cargo de las diputaciones, con fotografía y huella dactilar. La policía no controlaría el documento.

Y para llegar al DNI de 1951 deberíamos meter en la ecuación al general Severiano Martínez Anido, militar especialista en perseguir la subversión en España desde 1919. Sí, “resolvió” la crisis del pistolerismo en Barcelona (1917-1920; que merece un estudio detallado) cuando fue Gobernador civil de la Ciudad Condal, pero planteó un control de las personas desde el Estado policial -la militarización del orden público- que fue la base inicial del primer proyecto del Documento Nacional de Identidad que se gestó en la Dirección General de Seguridad del Gobierno de Burgos en 1938.

El DNI de 1951 (en verde), el de 1965 (en azul y escudo franquista) y el de 1981 (en azul pero ya con el escudo constitucional; que nos costó cambiar)


Y cuando se prepara su aplicación, en 1944, se señala en el Decreto que se comenzaba por la población reclusa porque, ante el colapso de sistema penitenciario se iba a producir una excarcelación masiva. Pero hasta 1951 no comenzó la expedición de documentos y hasta 1954 no se completó el ámbito nacional del mismo. Ya en 1955, completado el padrón municipal de habitantes, se pudo hablar de implantación del DNI en toda España… pero en 1962 se publica oficialmente la obligatoriedad de disponer del DNI, señalándose 1965 como el año en que todos los españoles, con edad para disponer de él, lo tenían.

Los DNI de 1990, 2006 y 2015; los del Siglo XXI con chip

En Historia de los Documentos de Identidad, que editó la División de Documentación del Ministerio del Interior en 2016, se da cuenta que los documentos anterior a 1951 tenían carácter fiscal e incluían, a falta de foto, una descripción física de la persona titular del mismo. Ya en 1951, el primer DNI era de tonalidades verdosas y desde 1962 ya era azulón. Incorporó el escudo constitucional en 1981 y no tuvimos que poner la huella dactilar desde 1990, llegando el DNI electrónico en 2006, en una tarjeta de policarbonato grabada con láser, que permitía conexión telemática. En 2015 llegó el DNI electrónico versión 3.0 con chip dual y tecnología NFC.




4 nov 2019

MUCHO PLAN EL DEL59, PERO SI NO LLEGA A SER POR EL TURISMO (y II). CUANDO EL TURISMO MATERIALIZÓ LA REFORMA AGRARIA EN ESPAÑA…SIN PRETENDERLO




Como hemos intentado trasladar en estos post sobre el Plan de Estabilización del 59 y la importancia del turismo, vamos a acercarnos hoy a las cuatro últimas décadas.

El caso es que hasta la década de los ochenta el turismo en España se proyectó única y exclusivamente hacia el Sol y Playa. Los países más desarrollados de Europa se configuraron como los principales mercados emisores hacia destinos de Sol y Playa. Hablamos, pues, de turismo de masas vacacional, donde, desde el lado de la oferta, el caso es que cantidad y competencia por precios marcaron la pauta.

Sea como fuere, el caso es que, llegados a los noventa nos sorprendió otra crisis. Hay quien sostiene que el proceso de integración de España en la Unión Europea también nos pasó factura. Recuerden: fueron los años en los que Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los EEUU (o el Nobel de Economía Robert Lucas) apostaban porque los mercados estuviera desregulados y la corriente neoliberal se adueñó de este país (aún gobernando el PSOE) y (tal vez por eso -je, je, je-) se privatizaron empresas públicas en un clima de euforia que nos llevó a echar la casa por la ventana de cara a 1992: Expo de Sevilla, Juegos Olímpicos de Barcelona (¡Ojo!, la Olimpiada es el periodo entre Juegos Olímpicos y dura 4 años) y Madrid Capital Culturalcon lo que pasamos de un déficit 0 en 1987 a 7 billones de pesetas… que compensaron de inmediato los ingresos por turismo y los Fondos Estructurales. El turismo nos saca de todos los apuros, pensaron los que piensan en este país.

Y como el turismo había respondido, entre 1992 y 1995 nos concedimos el Plan Futures I, Plan Marco de Competitividad del Turismo Español como primer plan nacional diseñado de manera coordinada entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas. Y con una nueva crisis (1992 y 1994) que logramos superar con nota.



Y va en enero del año 1995 y entra en vigor el nuevo IVA (entonces, para lo que nos ocupa, con porcentaje de aplicación del 16%) y nuevos impuestos especiales, ya que éramos Europa. ¿La consecuencia?: el incremento de los precios de todos los productos y servicios básicos, lo que nos llevó a la última devaluación de la peseta (06.03.1995) -en un 7%- y que era la cuarta desde 1992. Gracias a ella mejoró la competitividad del turismo español… y nos volvió a tapar las vergüenzas.

Pero en el 96, teniendo que cumplir con los criterios de Maastricht (¡cachis-lá, Aznar!) y la necesidad de converger hacia la moneda única, tuvimos que revalorizar la peseta y eso nos convirtió, por primera vez, en un “destino caro” y dio alas a otros muchos destinos del Mediterráneo; incluso a los que acababan de salir de la Guerra (de los Balcanes; 1991-95…2001). Pero los vaivenes económicos europeos nos hicieron recuperar momentáneamente la condición de destino turístico barato… y el turismo nos volvió a iluminar el bolsillo.

A finales de 1997 contabilizamos 39’5 millones de turistas y comenzamos una escalada trepidante donde -primero con el euro (10.01.1999) y luego con la apuesta por la industrialización del turismo- el modelo turístico español se diversificó tratando de enriquecer la oferta. El control del capital pasó a estar en manos de los turoperadores y hoteleros. La principal innovación llegó con los nuevos modelos de gestión en las empresas turísticas y en la organización empresarial del negocio turístico. Irrumpe con fuerza la Internet, comienzan a operar las empresas en red, el capital turístico es internacional y la gestión del negocio turístico tendrá, a partir de entonces, criterios financieros. A esto hay que sumar una importante reforma laboral.

En este periodo, cambio de siglo, de mediados de los noventa a la mitad de la primera década del siglo XXI, la vieja “industria de los forasteros”, por fin, se convirtió en una auténtica industria. Y en un mundo tan globalizado dejamos de hablar de forasteros y empezamos a valorar a los viajeros; impenitentes viajeros.

Es entonces, en este periodo, cuando se empieza a demonizar el turismo de Sol y Playas -había que ser snob- y a loar, tal vez en exceso, las ventajas de las nuevas modalidades de turismo: el rural y el urbano-cultural. El rural no va a más y el urbano ha propiciado, por falta de planificación, multitud de ejemplos de rechazo, manifestado en episodios de “turismofobia”.

Lo positivo de este enfoque, que coincide con el cambio se siglo, es que la opción de diversificación demostró la pervivencia del modelo de turismo de Sol y Playas y posibilitó la irrupción de un turista cada vez más selectivo y que busca, además, criterios de calidad en los servicios.

Y, superada la crisis que arrancó en 2007, desde 2014 vamos in crescendo a pesar de la irrupción de nuevos competidores y múltiples amenazas: desde el modelo turco al Brexit con el parón de la locomotora alemana.

La actividad turística ya no debemos verla como el principal compensador de la balanza de pagos. Es mucho más.

Así pues, volviendo la vista atrás, hablando de las consecuencias, el Plan de Estabilización de 1959 consiguió que los servicios y la industria absorbieran a los grandes flujos de trabajadores de la España rural que apenas subsistían en el subempleo agrícola. Esto materializó, reconozcámoslo, una reforma agraria -si se quiere, de puntillas- sin necesidad de llegar a las expropiaciones del primer franquismo (que, en realidad, hizo suyas las política inconclusas de la II República).

Y lo mejor: la liberalización económica del 59 fue posible porque “Hispanicus” vio que era lo único que podría salvar el Régimen y, a pesar de sus artículos contra el mercado como institución básica para el buen funcionamiento de la economía, terminó por guardar la pluma, que suele ser más fuerte que la espada, y dejar que, zapatero a tus zapatos, los economistas hicieran su papel.

Salió la cosa como salió, porque en esto de la economía no estamos solos.

Y en cuanto al turismo, la reflexión final de este proceso que arranca con el Plan de Estabilización de 1959 sería, planteo, que salió bien gracias a que depositaron en el sector turístico -en el modelo de Sol y Playas- y sus actividades complementarias, aún sin pretenderlo, gran parte de sus potencialidades de desarrollo del país.

Hoy sabemos que la demanda turística es tremendamente elástica y en especial la de la del turismo de Sol y Playa… pero es la que pervive con mayor regularidad.








3 nov 2019

MUCHO PLAN EL DEL 59, PERO SI NO LLEGA A SER POR EL TURISMO… (I). FRANCO, PERIODISTA




En el anterior Post puse muy fácil lo de hacer realidad el Plan de Estabilización de 1959. Vayamos por partes.

Ullastres, como conté ayer, lo logró; fue más sibilino que Mariano Navarro Rubio.

Navarro Rubio se había estrellado unas semanas antes. Se armó de valor y le explicó a Franco lo mal que estaba el tema patrio en lo económico y le dijo que para solucionarlo había colaborado con unos “extranjeros” en la planificación de una iniciativa de futuro. Y, leo que, Franco le dijo: "no debe fiarse de los extranjeros, Navarro. Siempre han estado contra España". Y Navarro, muy prudente, se retiró. Por eso sabía Franco que el plan existía… y lo mal que estaba el país con su apuesta por la autarquía.

Y es que Franco se había metido a economista y escribía artículos apostando por la planificación autárquica de la Falange.

Franco fue el “Primer periodista de España”. Al menos así figuraba en el Registro general de Periodistas durante muchos años.

Recibió el título un 20 de julio de 1949 “por sus Discursos de Guerra y su trayectoria periodística en su etapa africana como director deÁfrica’, Revista de Tropas Coloniales”.

Luego, el diario Arriba [1] le publicaría un total de 92 artículos (1945-1960) que bien firmaba como “Hispánicus”, si eran asuntos de política internacional; como “Macaulay”, si eran temas de nacionales; o como “J. Boor / Jokin Boor”, si de atacar a la Masonería se trataba. Masonería y comunismo eran sus archienemigos. Ah, y también, como Jaime de Andrade firmó el guion de “Raza”, la película hagiográfica del Régimen. Hubo un tiempo en que le daba por escribir.



Entremos aquí en su faceta de periodista de páginas salmón.

Como “Hispánicus”, en 1949, atacaba el liberalismo económico y planteaba “superar los ideales de lucro personal apostando por la generosidad”. Pero dos años después y varias catastróficas cosechas agrarias y batacazos exportadores de lo poco que producíamos, en 1951, ya se había caído del guindo económico y tomó como suya la frase de Ullastres: "El lucro es no sólo perfectamente lícito sino que, como decían los teólogos y moralistas del siglo XVI, al provenir de una actividad socialmente útil y provechosa, hace al comerciante honra y prez de la República, de la cosa pública" (que había que matizar).

Con el Decreto-ley de Ordenación Económica de 21 de julio de 1959  en vigor, Franco da luz verde al programa Sardá-Ferrás y lo primero que se hizo fue cortar de cuajo el gasto público.

A consecuencia de ello, de inmediato, una subida de impuestos y, con visos recaudatorios, un reforma fiscal, que -analizándola hoy- no pasó de modestísima.

Pura matemática: con estas medidas, el déficit del Estado, automáticamente, bajó. Y hasta se redujo la inflación.

El valor de la peseta, mantenido artificialmente, se rebajó (por devaluación, claro) y se dieron alas -en principio, de gorrión- a la liberalización del comercio y a la apertura, con algunos matices al principio, a la inversión extranjera.

Las primeras víctimas del Plan del 59: el empleo y la renta real… pero bien pronto comenzó a funcionar el país, entraron a competir las empresas y en una sociedad con precios y salarios bajos (el planteamiento inicial era ligar salarios a productividad, pero no ocurrió) empezamos a ser muy atractivos para el turismo.

La única funcionalidad que impusieron aquellos economistas para el turismo era la de captar el mayor número posible de turistas.

Y se dejó hacer al sector (aún para muchos “industria de los forasteros”)… aunque se limitaron algunos precios y el Estado entró en las grandes empresas como Marsans.

El crecimiento del turismo -y sus consecuencias económicas- fue espectacular, aunque comenzó lastrado por un desarrollo anárquico fundamentado en el beneficio rápido.

El Banco Mundial, en su informe de 1962 –“El desarrollo económico de España”- ya constató que el vector turismo estaba disparado y recomendó “mejora en las vías de comunicación y la ordenación del territorio”. Los planificadores de aquí, que aún no confiaban mucho en el turismo, pensaron: “todo a su tiempo”… y el tiempo pasa -tempus fugit-… y pasó sin que se tomaran las medidasadecuadas.

El turismo fue un revulsivo: en 1950 no habíamos conseguido el medio millón de turistas y en 1961 ya íbamos camino de los diez millones. Y luego estaba la proyección, positiva, de la Balanza de Pagos.

Y aunque en los dos primeros planes de Desarrollo no se considerara al turismo sector estratégico -ni aún en el tercero- todos le reconocieron su papel fundamental.

Las crisis del petróleo de los años setenta sí evidenciaron la dependencia que teníamos del turismo. No ya por el mercado nacional, sino por el internacional. Los más de 31 millones de viajeros internacionales del año 1973 no se volvieron a alcanzar hasta el año 1977.

Cabalgando en la Segunda crisis del petróleo nos llegaría la crisis 1978-1986 que -menos mal que como tal- fue nacional. Tras la muerte de Franco llegarán los cambios sociales, culturales y políticos que trajo la llegada de la Democracia, la aparición de las Comunidades Autónomas el proceso de cesión de competencias que se manifiesta en la descentralización de las políticas turísticas.

En este periodo, durísimo, los españoles hablábamos de “los motivos para no viajar”. Pero los países de nuestro entorno siguieron apostando por sus vacaciones en España: éramos un país barato, diferente y typical spanish atraía…









[1] Arriba fue un periódico español, órgano oficial de FET y de las JONS. Fue fundado originalmente el 21 de marzo de 1935 por José Antonio Primo de Rivera, como semanario. Se publicó entre 1935 y 1936,2 aunque no tuvo mucho éxito.  El 5 de marzo de 1936 fue suspendido por las autoridades de la Segunda República, prohibición que continuaría durante unos años más debido al inicio de la Guerra Civil. Con la ocupación de Madrid por las tropas franquistas, los falangistas se incautaron de las instalaciones del diario El Sol, y Arriba reapareció el 29 de marzo de 1939 como diario propiedad de Prensa del Movimiento. En adelante constituyó el periódico oficial del régimen franquista, a lo largo de cuatro décadas. Tras la muerte de Franco, el 15 de junio de 1979 el Consejo de Ministros dispuso el cierre del periódico y al día siguiente se publicó su último número.






2 nov 2019

DEL PLAN DE ESTABILIZACIÓN DEL 59, SESENTA AÑOS DESPUÉS



Esto no lo sabía yo”. He leído (en 5 Días, tiempo atrás) que eso fue lo que le dijo Franco a Ullastres, ministro de Comercio, cuando hace sesenta años -en 1959- le dijo que no teníamos -el Instituto Español de Moneda Extranjera no tenía- ni un dólar para pagar lo más imprescindible… y se puso en marcha en Plan de Estabilización que estaba ya dibujado desde fuera y al que desde dentro se le imprimió carácter. Vamos, que hace 60 años nos abrimos a la inversión extranjera y a trabajar duro… y hasta la primera crisis del petróleo, octubre del 73 en adelante, sólo Japón tuvo un crecimiento sostenido superior al de España.

Y vale que -un pulpo será animal de compañía- no fue un camino de rosas en determinados aspectos, pero este país se sacudió la miseria, al dejar a un lado la autarquía, y nos pusimos a la altura continental que, como bien saben, tan solo es una península -¡pero qué grande!- de Asia.

Sí, los EEUU apostaron por la España de Franco (como la Texaco ya hizo en el 36) y como estábamos en plena Guerra Fría, lo comido por lo servido, entre ayuda militar (más las bases) y créditos industriales las primeras inyecciones de una pocas decenas de millones de dólares se tradujeron en, leo, más de mil quinientos millones de dólares de entonces. Comenzó la cosa en 42 pesetas por dólar… y se devaluó hasta las 60 (1959)… y hasta el 73 no pasó las barrera de las 75 pesetas…. Pero esa es otra historia ya.

Veníamos de “Guatemala” y estábamos en “Guatepeor”. La República no gozaba, ya de por sí, de buena situación económica ni en el 31. La peseta republicana sufrió continuas devaluaciones y en 1939 ya no tenía valor. La inflación era la tónica dominante en la economía posterior del Frente Popular. Cataluña, y hasta algún que otro ayuntamiento, emitió su propia moneda. Había problemas a la hora de recaudar impuestos: se dejó de recaudar la Contribución Territorial y el otro gran impuesto nacional, la Contribución de Utilidades. Hubo alguna que otra colectivizaciones de tierras y bajaron las producciones agropecuarias. El colapso económico contribuyó al colapso militar.  

Los sublevados lo tuvieron mejor; se organizaron mejor. Sí, no faltaron los bancos que largaron préstamos desde Inglaterra, Suiza, Italia y los EEUU. No en balde, Juan March estaba en el ajo. Luego estuvo la apuesta por contratar en liras… y la lira italiana se fue devaluando. En muy poco tiempo, el Banco de España de la zona sublevada tuvo más respaldo internacional, por gestión, que el de la España republicana. Los problemas de recaudación fueron similares, pero el éxito se basó en una gestión más eficaz de los recursos existentes, así como en conseguir una financiación adecuada con créditos de larga duración.

Y además, se aplicaron medidas muy prácticas, entonces, como la de asegurar el abastecimiento mediante instituciones de control. La primera, en 1937, el Servicio Nacional del Trigo; muy socialista, pero desde el punto de vista fascista.

Y llegamos a julio de 1939 con un país arruinado y una población hambrienta para arrancar la posguerra sin producción industrial -ni fábricas, ni materias primas, ni energía- y basándolo todo en el sector primario que iba a ritmo de cangrejo. La idea que se aplicó fue la de la autarquía (que funcionaba en Italia y, especialmente, en la Alemania nazi) que contralaba producciones, precios y salarios. Y proliferaron los institutos -y servicios- nacionales de esto y lo otro para dirigir la producción… y se hubo de recurrir a las cartillas de racionamiento… y con la escasez y la intervención estatal -de libro- se llega al mercado negro y la corrupción en una España aislada internacionalmente tras la IIGM y, ¡cómo no!, “la pertinaz sequía” que impedía a la agricultura enseñar brotes verdes.

Se les ocurrió la idea de los pantanos… y las de las centrales eléctricas, y la de los créditos a la industrialización y la de la liberalización parcial del comercio exterior… y como llovió, el 1952 se pudo poner fin al racionamiento y sus cartillas y en 1954 recuperar los niveles de renta de 1935 y comenzar a sacar un poco la cabeza del agua una vez que en 1955 la ONU nos readmite y olvidamos la pancarta “Si ellos tienen ONU, nosotros tememos DOS”. Pero es que desde 1951 estaban llegando dólares yanquis injertos en la gran operación del Plan Marshall, pero que aquí nunca llegaron con esa etiqueta.

Y aún así hubo que esperar a 1957 para que le dieran el puntapié a los economistas de la Falange y entraran los tecnócratas del Opus -Mariano Navarro Rubio (Hacienda), Alberto Ullastres Calvo (Comercio) o Laureano López Rodó (Secretario general técnico), de la mano del almirante Carrero Blanco, no se me olviden-: integristas en lo católico y libertinos liberales en lo económico que, como digo, pusieron en marcha el Plan de Estabilización que acaba de cumplir 60 años.



Aquí llegado conviene decir, ahora que tan de actualidad está el Brexit, que aquí aplicamos la misma identidad económica que el Fondo Monetario y la OCDE acaban de implantar en el Reino Unido (o en Francia; incluso en Turquía) y salió bien (como en los otros países).

Y Juan Sardá fue el economista catalán que puso a España en el tren de la modernidad. Formado en la London School of Economics era, lo que se dice, un liberal pragmático. Y como jefe del Servicio de Estudios del Banco de España envió una nota -Nota dirigida al Ministerio de Hacienda por el director del Servicio de Estudios del Banco de España- basándose en lo que trabajaba, desde hacía algunos meses, con al economista francés Gabriel Ferrás, director del departamento para Europa del FMI. La nota advertía del inminente colapso de la economía española y de la necesidad de abrirla al exterior. Ullastres se fue a hablar con Franco, como contaba al principio, que, resulta que hace unos pocos años lo supimos, estaba ya al tanto de todo… Y el caso es que se aceleró la llegada, en junio de 1959, de una delegación del FMI presidida por el propio director gerente, Per Jacobsson, para entrevistarse con el jefe del Estado y convencerlo de que era hora de liquidar la autarquía y de reestablecer el equilibrio entre ahorro e inversión. Y entraron en liza ya Fuentes Quintana y otros economistas de prestigio.

De inmediato, Decreto-ley de Ordenación Económica de 21 de julio de 1959, llegan la devaluación de la pesetas y la inyección de 554 millones de dólares, la mitad de lo que entonces eran los ingresos fiscales anuales del Estado, aportados por el FMI, la OCDE, el gobierno de los EEUU y la banca privada americana.

Un estudio de Jordi Maluquer, catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Barcelona, sintetiza esta etapa: “el crecimiento acumulado en España durante el periodo comprendido entre 1960 y 2015 fue del 533%, claramente por delante del 323% de la UE-28. Por tanto, el despegue de la convergencia económica con Europa es inseparable de las liberalizaciones que se introdujeron con el Plan de Estabilización de 1959, un primer paso hacia la recuperación de la libertad económica que, a su vez, derivó en una aceleración de la Transición hacia la libertad política”.

Aquella apertura, confirmada luego con el acceso al GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio; 1963), con nuestro Acuerdo con la Comunidad Económica Europea (1970) y con nuestra mayor articulación -vía comercio exterior, turismo, intercambio tecnológico e inversiones extranjeras- se fue recorriendo el camino para una mejor modernización de la economía española, luego tan brutalmente afectada en sus posibilidades de crecimiento por las vacilaciones e inseguridades propias de las etapas posteriores a las crisis del petróleo, los últimos Gobiernos de Franco, la transición y las nuevas adecuaciones económicas de los ochenta, nuestra entrada en le UE (1985)… y hasta la crisis de 2007-14 y el momento en que nos encontramos.

Y viéndole ya las orejas al lobo mesetario del final de la segunda década del siglo XXI, conmemorando los sesenta años de aquel Plan de Estabilización, ¿no podríamos ponernos las pilas? Supimos hacerlo entonces.

6 oct 2019

DE UNA VISIÓN DE BENIDORM: LA PROFECÍA CUMPLIDA




El primer lunes de octubre es, desde 1997 y a instancia de la Unión Internacional de Arquitectos, el Día Mundial de la Arquitectura. Y, como un día es poco, se ha ido alargando hacia toda una semana.



Así pues, con motivo de la Semana de la Arquitectura, Benidorm ha aunado iniciativas y a la del Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante -visita a Benidorm y conferencia de Carlos Ferrater- ha sumado la suya propia con la presentación de un libro sobre Mario Gaviria; un par de sesiones dedicadas al modelo Benidorm, entendido como un fenómeno arquitectónico y también sociológico.

Desde la Universidad de Alcalá, Antonio García Tabuenca; y desde la Universidad Europea de Madrid, Francisco Domouso de Alba y Francisco García-Pablos Ripoll han coordinado una serie de trabajos sobre Mario Gaviria. En ‘Mario Gaviria. Pensamiento, obra y proyección’ (Libros de la Catarata) aparece la visión que tienen de Gaviria autores como José María Ezquiaga, Fernando de Terán, Ramón López de Lucio, Carlos Sánchez-Casas, Agustín Hernández Aja, Pedro Costa Morata, José Manuel Naredo, Gregorio Ballesteros, Ion Martínez Lorea, Juan Ramón Sanz, Gregorio Rodríguez Cabrero, Miguel Laparra Navarro, Felipe Peña Pereda, Michael Mahdesian, Juan Álvarez Cienfuegos, Rafael Moneo, Alfonso Sanz Alduán, Óscar Clemente García, David Prieto Serrano y sus hijas Natalia y Sandra.

En la presentación en Benidorm, se unió la siempre autorizada voz de José María Perea, quien tantas cuestiones analizó con él y plasmó, negro sobre blanco, desde el Libro Negro sobre la Autopista de la Costa Blanca (1973) a El Paraíso estancado (2015) y que conocía como pocos al navarro de Cortes.

En marzo de 2010 Mario me dejaba escrito sobre el libro de la AP7, de su puño y letra: “un libro que nadie leyó y que fracasó”. Había desdén en sus palabras. Es que a Gaviria, como a Iribas, había -y hay- que leerles. Mario pensaba a 25 años vista; quizás a más. Iribas sigue, como Mario, vigente.

A Mario le preocupaba la energía, la dependencia energética de España, y el cómo afrontar siempre el mañana. Por eso le preocupa mucho el compendio economía-demografía-sociedad. Mario era intuitivo y entusiasta. En una de sus vistas pasó por nuestra tertulia “Los cafés del Meliá” y nos habló de todo; incluso nos puso en guardia frente a los grandes retos del XXI y no dejó a nadie indiferente cuando alertó sobre el Islam en Europa.

Fue Baldoví, el secretario del Ayuntamiento en 1971, el que le animó a aplicar sobre el terreno lo que él contaba en Madrid. Y vino con la Beca March y su equipo; y tras analizar este Benidorm se enamoró de él y escribió “Benidorm, ciudad nueva” y de aquí salió, un poco antes, el “Manifiesto de Benidorm”, cuando nació el ecologismo en España; que también fue en Benidorm.

Natalia de Gaviria, su hija, rememoró los días aquellos de los 70 en Benidorm (Sandra, en París, no pudo venir), en la casa-comuna, y las reflexiones que su padre mantuvo siempre sobre Benidorm. Contó anécdotas e incluso habló de la ñoñería de esos y esas  que intentan camuflar su necesidad de Benidorm relegándola al papel de “la otra”… que es la que buscan para pasarlo bien. Fue lo más entrañable de la noche.

El alcalde de Benidorm, Toni Pérez recordó que Gaviria un defensor a ultranza de Benidorm y que -con su amigo y colega José Miguel Iribas- situó a Benidorm como referencia mundial de la sostenibilidad y el éxito turístico. Recordó las palabras del alcalde Miguel Pérez Devesa, que Gaviria siempre contaba, en aquél verano del 72: “Mario, si algún día falla el turismo en España, la última turista saldrá de Benidorm”. El profesor Tomás Mazón lo recordaba en una conversación publicada con Gaviria

Y recordando a Gaviria se habló de la democratización de las vacaciones y de una ciudad pensada para generar felicidad y para el feliz encuentro de la gente en su calles, salón abierto al disfrute del ocio para todas las edades.

Y Domouso fue el que colocó la guinda: Benidorm es la profecía cumplida de las ensoñaciones de Gaviria.

Si Gaviria ERA un enamorado de Benidorm, Ferrater lo ES ahora mismo.

Para el arquitecto catalán, Benidorm es el lugar urbanísticamente más sostenible del Mediterráneo y probablemente del mundo; una ciudad que ocupa muy poco territorio y genera muchos servicios y actividad.

También llegó Ferrater a Benidorm en los 70 pero su vinculación es ya el del siglo XXI cuando consigue “convencer”, dijo, con su propuesto de paseo marítimo para Poniente y, lo mejor, una década después constata que mantiene toda su vigencia urbanística, social y arquitectónica: la arquitectura es una ventana sobre el paisaje que nos lo hace habitable.

Nos contó que el paseo de Poniente está inspirado en la anatomía del brazo, de Leonardo da Vinci, y que buscaba que además de hacerlo transitable, fuera un lugar de relación y contemplación entre lo natural -la playa y el mar- y lo artificial -la ciudad-. Y considera que lo ha conseguido y se siente feliz, en la ciudad de la felicidad porque, en realidad, una ciudad debe ser un espacio que juega con las formas de la naturaleza. Y si lo consigue, se alcanza la meta de la habitabilidad.

Ambos -Gaviria y Ferrater, Ferrater y Gaviria- nos han ofrecido una visión de Benidorm que constata su plena vigencia. La ciudad nueva sigue siendo una nueva ciudad. La prueba del algodón de la Arquitectura de analizar una realización una década después ha sido superada con éxito.

Ferrater está dispuesto a continuar el Paseo hasta el final de la playa; están vigentes sus formas y funcionalidad. Gaviria no ha dejado de estar de actualidad con sus planteamientos y uno de sus principales discípulos y querido amigo y compañero, José Miguel Iribas -que nos dejó antes-, también nos legó unas líneas maestras a cumplir que, veinte años después, Benidorm sigue cumpliendo… y gravitando en torno a ellas.

Sergio C. Fanjul lo contaba en El País este verano y como colofón de esta entrada lo apunto: “Como una ciudad que surge del suelo en el videojuego SimCity o como gráfico de barras, la ciudad de Benidorm, pequeño Manhattan alicantino, surge del litoral mediterráneo para asombro y fascinación de unos y otros”. Benidorm es una realidad eco-sostenible alabada por su modelo urbanístico sostenible y vilipendiada por su popularidad… pero que da felicidad y enamora; aún con sus defectillos. Benidorm, fascina.








15 sept 2019

DE LOS RECUERDOS QUE TRAE UNA DANA…




Siguiendo la DANA, y hasta la turbonada de ayer, he sentido la nostalgia de aquellos primeros días de Radio, de cuando empecé en esto de la información. Y de junio el 78 conservo aún, viaja conmigo siempre en mis destinos, aquel pequeño oriol, presentando espada, que es emblema de la vieja Aurariola, hoy anegada, que es Orihuela.

En aquel paso por Radio Orihuela, AEM-32 como indicativo, y flamante FM, tuve dos episodios de riada de los que informar. Por aquellos días, a las órdenes de Juan José Sánchez Balaguer, con quien aún hoy me sigo comunicando. Estas horas de vela en torno al río, lo mismo me muestra una montaña cañas, bardomeras, que una casa que colapsado en la Plaza de Santa Lucía.

El viejo Thader, por donde los vikingos llegaron al corazón de Murcia allá en el siglo X, sigue siendo el azote perpetuo de la huerta, de la Vega Baja, donde lo mismo beneficia una cosecha que siembra miseria y ruina con una de sus avenidas.

Recuerdo que el ansia por informar, en alguna ocasión, nos llevó, aupada por la inexperiencia y la inconsciencia, a protagonizar algún momento de importante riesgo. Ya lo he contado en alguna vieja entrada de este Blog… Aquí y ahora, un recuerdo a José Antonio Aparicio, Paco Murcia, Evaristo Rodríguez y Pepe y Baldo Ruiz, Paco EscuderoBaldomero, Javier y Conchita Jiménez!; María Engracia y muchas gente más que tengo en mi recuerdo y no quiero olvidar. Hoy me pesa recordar al “Quirillo” y no acordarme de su nombre.

Y ya metidos en faena y en la riada, recordar a mi abueloJuan como hice en aquel Post; al guardiacivil Juan Díaz Jiménez, que en el temido Derramador, Rambla de Alcoriza, intervino, en 1934, en el salvamento de un autobús de niños de la Beneficencia atrapado por otra crecida. El río y sus cosas. Propuesto fue para la Cruz de Beneficencia, como ya conté en marzo de 2015.

Si el ser humano no hubiera ocupado el espacio propio de un río, barranco o rambla, inicialmente un episodio como el que hemos vivido en Murcia y Alicante en las últimas horas no hubiera pasado de ser un proceso natural”, explica hoy en La Verdad, el profesor Jorge Olcina, hablando de las cosas del río Segura, el río blanco que nace en Fuente Segura, en Pontones (Jaén) y al que las crónicas de Sharq al_Andalus llamaban Wadi al-Abyad y que lleva tras de sí dos mil años de cultura del agua con mil y un sinsabores, como nos explicaba en clase don Antonio Gil Olcina y en varios libros lo ha explicado.

Y de “bestia” califica el geógrafo Olcina Cantos el episodio que acabamos de pasar, pero señala que no hay que remontarse a la Riada de San Teresa (que antes las nombrábamos por el santo del día; 15.10.1879 y sus más de 2.000 m3/segundo en Orihuela). Las de 1946, 1948 y 1973 fueron más graves que los estamos viendo ahora.

Ahora mismo veo que el río baja en caudal, pero en 12 horas, como pueden ver en la fotografía, apenas se ha notado. Uno, que tiene corresponsales por allí.

De 9 de la noche a 9 de la mañana, poco cambio


Resulta que ahora estamos ante una variación de las condiciones y procesos atmosféricos en nuestra región mediterránea. Hoy hablamos de un mar más caliente y una corriente en chorro que circula más lenta. Como señala Olcina en su artículo, “no hay área geográfica para asumir, de entrada, esas cantidades de lluvia”. Hablamos de más de 400 litros por metro cuadrado en Orihuela o Beniarrés. Y encima, espacios fluviales abandonados, menos limpieza de vegetación no deseada, espacios de huerta urbanizados, abandono de prácticas tradicionales que reducían las ondas de crecida… las obras de canalización se han demostrado poco eficientes.

Hay que ir pensando, ya, en dimensionar infraestructuras capaces de gestionar lluvias de 200 litros en una hora, depósitos pluviales, tanques anti tormentas, parques inundables y buenos mapas de inundación y riesgos en cada municipio. Y tener en plantilla profesionales preparados para la gestión del riesgo.

Le leo a Antonio Teruel hoy en Información, como antes lo hice con FJ Benito, que “el Segura ya no es un río natural, sino un canal de trazado casi rectilíneo del que han desaparecido los meandros, como si fuera una carretera a la que se eliminan las curvas para circular más rápido”. Y da la palabra a otro geógrafo de nivel, Juan Antonio Marco, que lo deja bien claro y “critica que se hayan suprimido los meandros del Segura porque esas curvas permiten ‘el equilibrio natural del río’ al ir conteniendo la fuerza del caudal. Al rectificar el trazado ‘se incrementa la pendiente y se facilita que el agua pueda ir a más velocidad y con más virulencia’.

Yo recuerdo a mi abuela Mercedes siempre pendiente de “la mota del río” y del molino… donde yo salté los tajamares. La mota era más importante. La mota, para quien no lo recuerde por efecto de la edad (poca o mucha) o de la falta de mielina, es el ribazo o linde de tierra con que se detiene el agua (o se cierra un campo; DRAE dixit). Aquí sirva la versión contrafuerte de tierra con el que se reconduce el paso del agua. Es que “el Segura presenta la paradoja de que discurre a una altitud ligeramente mayor que a la que se encuentran las zonas de alrededor” se lee hoy en el diario provincial, otra vez el profesor Marco. La importancia de “la mota del río” sólo se entiende por aquí si eres ribereño del Segura… La mota del río, esta vez, ha cedido en Ceutí, en Raal… muchos pendientes de la mota del río en Jacarilla, Dolores... Tanto se quedó grabado en mí aquel empeño en preservar la mota del río que el protagonista de mi primera novela, que no verá la luz, tiene a su cargo mantener la mota del río… Pero hasta ahí puedo contar.

Hoy también, ante una foto de la montaña bardomera extraída del río y acumulada en Loaces me pregunto: por mucho que diga y cuente el estudio de la investigadora de la San Antonio de Murcia de que si cauces limpios disparan la velocidad y la violencia de las riadas, yo me acuerdo de quienes cortaban las cañas de los ríos y hacían otras funciones. No, si al final resulta que soy muy mayor.


Este enlace que os dejo cuanta muy bien la realidad deun río.

Y termino proponiéndoos otro video dende el geógrafo Gerson Beltrán, con motivo del 20 Aniversario del Colegio de Geógrafos explica la tremenda importancia del geógrafo en las ciudades del futuro, esas que hay quediseñar para minimizar los riesgos naturales, por lo menos.

Miro a mi oriol y sé, como ayer también hablaba con el profesor Armando Ortuño, tratando el peaje blanco para la A7 y las posibilidades infraestructurales de futuro, que llevo, llevamos Armando, a Orihuela en el corazón.



  

7 sept 2019

DE LOS VIENTOS… EN EL MEDITERRÁNEO




Estos días como que he vuelto al tiempo de las aulas para hablar de nombres de vientos. A las aulas de la infancia cuando a la pregunta ¿qué produce el viento?, respondíamos todos a coro “las orejas de -del pringando de turno- en movimiento”; y a las aulas de la Academia -confirmando el nombres de los vientos- donde “viento” es un concepto elemental de Meteorología.

Y en Meteorología se suelen denominar los vientos según la dirección desde la que soplan. Y para lo de las direcciones tenemos al Sol que, con su salida y su puesta, ya nos señala dos puntos -el Este y el Oeste- y a mediodía, sabiendo los otros dos, el Norte y el Sur. Y podemos rizar el rizo con la procedencia.
Rosa de los vientos


Para eso, nada mejor que trazar una “Rosa de los Vientos” y meternos en faena. La Rosa de los Vientos está ligada a los cuatro puntos cardinales de antes y, cosas de la geometría, determina hasta treinta y dos rumbos posibles. Bueno, la podemos complicar hasta ese punto. Con cuatro o con ocho lo tenemos bien resuelto.

Si hacemos caso a Homero, esto de los vientos nos complicó mucho la tripulación de Ulises (también conocido como Odiseo… y de ahí, “La Odisea”). Un buen día -¿o era por la noche?; no recuerdo- Eolo -dios del viento- le dio a Ulises un viento bueno y seguro para llegar a Ítaca. Y también un odre lleno de vientos -el Odre de los Vientos- con la condición de que no lo destapara. Pero su tripulación, curiosa, quiso saber qué contenía aquel envase hecho de piel de cabra, cosido y pegado por todos lados menos por el cuello del animal que le había dado Eolo. Total que lo abrieron un poquito, sólo un poquito, y… salieron todos los vientos en desbandada a ulular por ahí. Se armó una, que bien recoge Homero en su narración, que no veas… porque salieron del odre el montonazo de vientos que tenemos.

Ulises llegó a Ítaca, a pesar del lío de los vientos. Tardó veinte años -diez en Troya, de guerra, y otros diez buscando la isla (sin GPS, claro)- y ahora, con todos los vientos desparramados, quiero entender que aquel acto de negligencia de la tripulación, abrir el Odre de los Vientos, fue una secuela de cuando quedaron convertidos en piara en cerdos -cosas de Circe que remedió Hermes con unas hierbas-… pero quedaron secuelas, seguro. Y por eso abrieron lo prohibido.

Y ya con -casi- todos los vientos desparramados por la imprudencia de la tripulación aquella nos pusimos a ponerles nombre; nombre propio, a sabiendas de que tienen su propia personalidad.

Así, llamamos Levante es el viento del Este, que es por donde se levanta cada mañana el Sol. Este, el viento del Este, es fácil; tan fácil como lo de orientarse… que era buscar el Este… que siempre está a Oriente. Lo de llamar Levante a este viento del Este sirve para todo lugar y todo tipo de Rosa de los Vientos que, por cierto, tal como la vemos en ahora, es un “invento” de Ramón Llull (s. XIII), con clara inspiración en Plinio el Viejo (s. I).

Hay otros vientos cuyos nombres cuesta más tenerlos claros. Es el caso del  Lebeche, un viento del Sur-Oeste… que sopla desde Libia. Sí, Libia… que aquí la tenemos ahí abajo, en Sur-Sureste. ¿Pero quién le ha puesto este nombre? Como el Gregal, un viento del Noreste que por mucho que tenga su origen en Grecia -Gregal, viento que llega de Grecia-, por estos lares Grecia no queda por el Noreste.

Hubo quien, en tiempos pretéritos ya compiló estas cosas. Cogió los “cuatro vientos principales” -Greco, Siroco, Libio y Maestral, vientos que llegaban desde Grecia, Siria, Libia y Roma (Magistral Pentium) y buscó la ¡¡Cuna de los Vientos!!… y la encontró donde se cortan el meridiano 20 (E) con el paralelo 36 (N), un punto a medio camino entre las islas de Malta y Creta.

Lejos del mundo Clásico, de raíces helenísticas y latinas, los vientos tienen sus nombres y son muy suyos. Y en todos lados hacen sus Rosas de los Vientos; los grandes navegantes lo tuvieron siempre claro, muy claro.
Rosa de los Vientos en un tratado turco de Geografía (Tiene al Norte la flor de Lis ¿?)


Hay nombres de vientos preciosos: el adriático Bora (que dio nombre a un coche), el Chinook (que da nombre a un helicóptero), el Cierzo (por el Valle del Ebro), el gélido Crivetz rumano (que da nombre a una cerveza), la Galerna (del Cantábrico), el Kwat chino (sin cerveza), el Meltemí del Egeo, el Poriaz del Mar Negro que sopla en Bulgaria, el tórrido Santa Ana del Sur del california…

Lo de los vientos lo tuvieron claro los griegos. Andrónico de Cirro construyó el Horologion (la Linterna de Demóstenes). En realidad era una estación meteorológica (en el siglo I a.C,) anexa a la Biblioteca de Adriano. La torre octogonal, de unos ocho metros de diámetro y casi catorce de altura, tenía -y tiene; que se conserva- en cada una de las ocho caras un anemoi (dios del viento). Y les llamaron Bóreas (N), Cecias (NE), Euro (E), Apeliotes (SE), Noto (S), Libis (SW), Céfiro (W) y Escirón (NW). Los representaron con sus atributos (frío, granizo, lluvia, etc.). Debajo de cada anemoi había (queda hoy) un reloj de sol que se complementaba con el anterior y posterior. En el interior del horologion había una clepsidra (reloj de agua) alimentado por el caudal del manantial de la Cueva de Pan (el semidios de los pastores y rebaños, el fauno de los romanos; el generador del miedo… de ahí viene pánico).
Fotografía de C. G. Wheelhouse del Horologion en 1850. El Observatorio Radcliffe de la Universidad de Oxford  o el Observatorio Daniel S. Schanck de la Universidad Rutgers (New Jersey) siguen el modelo constructivo del Horologion, en homenaje.


Según contaba Vitruvio, en la parte superior del horologion había una veleta de bronce, hoy desaparecida, con la forma de Tritón que marcaba la dirección. Además de la clepsidra había un reloj anafórico, un aparato inventado por Hiparco, similar al astrolabio. Total, que el visitante del horologion, de una tacada, se enteraba de la hora, de lo del viento y de lo de los planetas y las constelaciones con lo que se podía saber -¡cosas de griegos!- el horóscopo… sin echar mano de la última página de periódico.

Los vientos, entonces, tenían su épica y su misterio. Hoy tienen poco: térmicos o de gradiente. Y hasta los tenemos escalados (cosas de Beaufort). Así que hay vientos regulares, irregulares, planetarios, orográficos, solanos, anabáticos, catabáticos… Les ponemos nombre (para complicarme la existencia) pero sólo son aire en movimiento… provocado por las batir de las orejas de aquel compañero de clase al que nunca llamamos Dumbo; nunca fuimos tan malvados.