6 may. 2013

DE LA PARTIDA DE LA PORRA



Hablábamos ayer…” de la Libertad de Prensa… y me ha venido a la cabeza uno de los grupos que más se destacó en atacarla; en atacar periódicos. Se trató de “La Partida de la Porra”, de cuya efímera y contundente existencia nos ha quedado la canción del “Trágala”.

Comenzó a actuar el 28 de septiembre de 1868 y cinco años después ya sólo era “La Partida del Aguardiente”… pero en ese tiempo, cinco años, sembró el caos en las redacciones de los periódicos de la época. Y ya puestos, apedreó casas de políticos, amedrantó a electores, dio palizas a los politicastros y politiquillos, disolvió las reuniones (entonces no se decían mítines) de alfonsinos, moderados y carlistas, principalmente, y destrozó las redacciones de la prensa opositora yendo siempre a la caza de periodistas moderados, carlistas y alfonsinos.

La Partida de la Porra actuaba al dictado del Partido Progresista (del XIX; en la órbita Liberal). Estamos en los tiempos de La Gloriosa (también llamada La Septembrina… por darse en septiembre), la Revolución de 1868 que inicia el Sexenio Democrático. Isabel II se va, llega Amadeo I… y también se va.

Pues con esos mimbres, el mismísimo 28 de septiembre de 1868 (el día de la Batalla del Puente de Alcolea, entre sublevados y realistas isabelinos) Felipe Ducazcal, periodista (para más inri) y empresario teatral, amigo del general Juan Prim (que se había sublevado en Cádiz con Topete y avanzaba hacia Madrid después de ganar la batalla del puente) y de Sagasta (Mateo-Sagasta, don Práxedes; y Escolar por parte de Madre) organiza un grupo de 30 individuos y asaltan la redacción del periódico “La Constancia”, de don Cándido Nocedal, político y periodista (también) que como ministro de la Gobernación se había caracterizado por aprobar una Ley de Imprenta terriblemente restrictiva: Nocedal era un ferviente seguidor de Isabel II.

Al día siguiente, en la noche del 29 de septiembre, la Partida de La Porra asaltó la redacción del diario “La España”, órgano de los moderados, y… “La España” terminó esa noche sus días: ardió.

Cuando Prim entró en Madrid (07.10.1868) ningún periódico osó replicar. Ni tampoco ningún político. La Partida de la Porra fue haciendo de las suyas sobre redacciones, personas y domicilios. Eran 30 y se sabía quiénes eran. De su jefe se sabía todo: era dueño del Teatro Felipe, sito en los Jardines del Buen Retiro, y allí tenía despacho. Y entre acto y acto de las mejores obras del género Chico se gestaban las acciones de la Partida de la Porra. El Felipe era el local de moda de Madrid y todos sabían quiénes eras los porristas de don Felipe Ducazcal… Pero nadie intervenía.

En otro par de noches, las del 29 y 30 de julio de 1869, asaltaron las redacciones del diario alfonsino “El Siglo” y de los satíricos “La Gorda” (carlista, enfrentado al republicano federal de “La Flaca”) y “Don Quijote”… con funestos resultados editoriales.

Un nuevo periodo de tranquilidad aconteció en la segunda parte de 1869, pero el 8 de enero de 1870 asaltaron  la redacción del mensual carlista “El Papelito” (más bien un libelo; cuando el libelo era casi un género periodístico). Pese a ello, “El Papelito” siguió con sus cosas hasta el número de julio donde apareció un artículo de un tal Azcárraga con las crónicas extraconyugales del Gobernador Civil de Madrid, Juan Moreno Benítez… y al poco Azcárraga apareció muerto. Todos pensaron en La Partida de la Porra, pero los de Felipe Ducazcal dijeron que ellos no habían sido… y no pasó nada más.  

A los de La Partida de la Porra les iba también la cultura… y se presentaron en el estreno de “La Carmañola” (18.09.1870), diatriba dramática contra la Revolución, de la que era autor Ramón Nocedal, hijo de Cándido Nocedal, el propietario de “La Constancia” que tiene el triste honor de haber sido la primera redacción asaltada. Y “La Carmañola” fue obra de una sola representación. Clausuraron el teatro tras la visita de la partida. Poco después “acudieron” al estreno de “Macarroni I”, de Eduardo Navarro, dedicada a Amadeo de Saboya… allí termino la representación, aunque el teatro no sería clausurado hasta 23 días después.

Bueno, no siempre se liaban a mamporro limpio con la gente y la profesión periodística. Cuando las damas “bien” de Madrid decidieron protestar contra Amadeo I yendo a la Fuente de la Castellana con mantilla de blonda, peina española y hasta con flores de lis bordadas… los de la Partida de la Porra acompañaron a todas las izas de los burdeles de Madrid a pasear por la misma fuente del hoy Paseo de la Castellana. La idea, cuentan, fue del ministro de la Gobernación Juan Antonio Martínez, aunque otros se la apuntan al mismísimo Sagasta. Las damas no volvieron a aparecer por la Fuente; los de La Partida de la Porra siguieron yendo cada tarde a la fuente con las hurgamanderas por si acaso.

En 1871 la Partida se dedicó a saldar deudas con los clericales… y la última acción “gorda” tuvo lugar el 18 de junio de 1871 cuando apedrearon todos los cristales del Palacio de Alcañices (en lo que hoy es el Banco de España) para que no se engalanara con motivo de la elevación al solio pontificio de Pío Nono (Pío IX).

Y a partir de entonces se fueron diluyendo. Hay quien sostiene que se integraron en las “fuerzas del orden” de entonces; de donde provenían.

Lo que nos legaron fue la célebre canción del “Trágala”, a cuyos sones actuaban. Luego, el “Trágala” gozó de innumerables letras y terminó con versos milicianos en el 36. La original, le leo a Luís Díaz Viana en “Las canciones populares de nuestra historia (Absolutistas y liberales)” decía tal que así: “Por los serviles, no hubiera unión, ni si pudieran, Constitución. Pero es preciso, que roan el hueso, y el Liberal, les dirá eso: Trágala, Trágala… Trágala perro”. Luego, los “otros”, cuando los liberales pasaron a peor vida política, le añadieron lo del “Dicen que el Trágala es insultante, pero no insulta más que al tunante, y mientras dura esta canalla, no dejaremos de decir ¡Trágala!; Tágala,Trágala, tú liberal, que no quisiste corona real”.

En fin, cosas de este País.




No hay comentarios:

Publicar un comentario