30 may. 2011

DE LA LLUVIA ARTIFICIAL



Ahora que el cuñao viaja para el Aarat y ya le he hablado de Ahmadinejad, pues va y resulta que el interfecto acusa a Europa, (Telegraph; 21.05.2011) de ¡¡“robarle la lluvia a Irán”!!; de “conspirar para causar la sequía que les afecta”, porque su “cultura y civilización nos asusta”. Menos lobos, Caperucito. Tu problema con los ayatollahs te lo solucionas tú sin mentar a la fenicia de Tiro que raptó Zeus “disfrazado” de toro.


Vamos, que nosotros -los europeos- “utilizamos un equipo especial para obligar a nubes” a desaguar en el continente antes de llegar a su país. Este sabe poco de climatología, aunque algo de han debido contar. La de conspiraciones que ha tenido éste que leer. Si lo de ZP fue Economía en dos tardes, y dice y hace lo que dice y hace, lo de Ahmadinejad ha sido Climatología en una tarde.


Isaac lleva cuidao que el Ararat está a 15 kilómetros de la frontera con Irán.


Conseguir lluvia artificial no es difícil; pero sí caro. Es muy caro. Caro, carísimo.


En 1946 se consiguió por primera vez provocar la lluvia, y desde entonces se ha mejorado la técnica al mismo compás que se ha encarecido. La “siembra” de yoduro de plata (e incluso yoduro potásico) en nubes muy frías consigue lluvia.


China consiguió en 2009 que el 11% de las precipitaciones sobre el país, asegura su Gobierno, fueran provocadas artificialmente. En abril de este mismo año (La Vanguardia, 17.04.2011), consiguieron sofocar un incendio en la provincia de Hebei a costa de 129 cohetes que dispersaron yoduro de plata en hielo seco. No se hizo público el coste del operativo. El Ejército chino de la lluvia cuenta con 7.000 cañones y 5.000 lanzadores de cohetes de 579 mm, según la propaganda oficial. Mucho ejército y más propaganda, pero la FAO emitió el 8 de febrero último un boletín de alerta porque China se enfrenta a la peor sequía de los últimos sesenta años; afecta a 5 de los 14 millones de hectáreas sembradas, a 3’29 millones de personas (de forma directa) y a 3’79 millones de cabezas de ganado. Esta misma mañana la Agencia EFE anunciaba que el lago Poyang, el mayor de China (de agua dulce), había perdido el 90% de su volumen a consecuencia de la sequía que sufre la cuenca del Yangtzé, el río Azul de nuestro Bachillerato. Y si tan fácil (y caro) resultase lo de la lluvia, pues…


Jo, con la Niña.


Irving Langmuir (1881-1957; Nobel de Química en 1942) inventó la cosa esta de hacer llover artificialmente en su etapa de director de investigaciones de General Electric, en Schenecdaty (NY-USA). No he conseguido averiguar el primer día de lluvia artificial, pero sí que entre el 15 de diciembre de 1949 y el 23 de febrero de 1950 todos los experimentos realizados para el US ARMY fueron exitosos. Sus colaboradores Bernard Vonnegut y Vicent Schaefer mejoraron el proceso.


Fueron muchas las empresas que se metieron a investigar y “fabricar” lluvia artificial; tantas que hasta la Organización Meteorológica Mundial (OMM) tomó cartas en el asunto y en la 28ª Reunión de su Comité Ejecutivo puso en marcha el Proyecto PEP (Precipitation Enhoncement Projet)/PIP (Proyecto de Intensificación de la Precipitación).


En enero de 1979 los expertos de la OMM señalaron que donde mejor se podía hacer el experimento, por situación geográfica ante la Circulación General los Vientos, era en Australia o en España. Todos los miembros optaron por España.


El Ejército del Aire puso entonces a disposición del Proyecto PEP/PIP las bases aéreas de Villanubla (Valladolid) y Matacán (Salamanca) donde llegaron equipos y medios de los EEUU, Francia, Australia, Inglaterra, Canadá, Suiza, Alemania, Noruega, Hungría, URSS y España.


Al final, la base operativa fue Villanubla y el teatro de operaciones la Cuenca del Duero. Se llevaron a cabo 3 campañas de “siembra” entre enero y mayo de 1979, 8º y 81… y funcionaba: llovió. Sí, llovió pero a costa de dólares; muchos dólares. Demasiados.


Se dejó la cosa en manos de la iniciativa privada y ahí sigue.


Ya podía echarle petrodólares a la cosa el Ahmadinejah este y dejarse de chorradas. Parece esto de robarle la lluvia el robobo de la jojoya.









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