2 ago. 2012

DE LA LEGUA CERO; DEL 5º CENTENARIO DE LA PRIMERA CIRCUNNAVEGACIÓN DEL GLOBO TERRESTRE




Esta yo ensimismado, en Mirador Doñana, en el arranque de Bajo de Guía (Bajo de Guía, nº 0; ahí es nada. A ver si me encuentran una dirección igual en el mundo), dando cuenta de, imagínense, un “tapita” que se llama -como para olvidárseme-, ¡¡tarrina de hígado de oca con crujiente de queso y caramelo de manzanilla!!, ¡Olé!

En fin, que disfrutándola, de repente, reparé en que estaba ante la Legua Cero. No sé qué estaba mejor, si la “tapita”, la sucesión de manzanillas (varias), o el momento ante semejante lugar: ante la Legua Cero.

La Legua Cero está en Sanlucar de Barrameda y marca el punto en que empezó a contar su andadura la Armada del Maluco (hacia las islas Molucas) con la que Fernando de Magallanes esperaba encontrar (y encontró) una nueva ruta para hacerse con las preciadas especias y romper la hegemonía portuguesa al respecto.

La Legua Cero es un reloj de sol (me pirran los relojes de sol) de tipo ecuatorial. La banda equinoccial tiene las horas perforadas y es, sin lugar a dudas, un hito que debería ser tenido mucho más en cuenta.

Resulta que fue el punto de partida (hipotético, pues debieron de salir del puerto de Bonanza, que está un poco más arriba, río arriba, y hoy es una pequeña barriada sanluqueña, con fiestas propias y todo) para la primera circunnavegación del globo terrestre, que completará Juan Sebastián Elcano (capitán de nao y uno de los que primero se le sublevaron al portugués) olvidándose siempre que se recuerda la gesta que el objetivo era conseguir las especies, navegando por mares castellanos (Tratado de Tordesillas), y recalcándose siempre que se completó el periplo (sin hablar de las especies): salieron de Sanlúcar un 20 de septiembre de 1519 y regresaron a Sanlúcar un 6 de septiembre de 1522. Antonio Pigaffeta, con empleo de “sobresaliente” en la expedición y que figura como Antonio Lombardo en la lista de tripulantes, narró toda la peripecia.

Pocos lo dicen, pero en la nao “Victoria” (en honor a Santa María de la Victoria, la iglesia de Triana, arrabal y guarda de la ciudad de Sevilla, donde Magallanes prestó juramento al emperador Carlos I) los expedicionarios se trajeron “381 sacos de especias, con un peso de 524 quintales” que ¡¡cubrieron los gastos de la expedición (5 naos y 265 hombres y vituallas) y reportaron al fisco del momento 346.220 maravedíes!! Un éxito total, que queda difuminado por la gesta. Pocas veces nos salió en España una gesta económicamente rentable.

Sí, descubrieron el Estrecho de Magallanes (“Estrecho de Todos los Santos”) y fueron capaces de volver a Sanlúcar de Barrameda tras casi tres años de navegación, penosa y trágica navegación: Magallanes, como tantos otros, se dejó la vida en el camino; comieron hasta ratas, mascaron tiras de cuero, sufrieron lo indecible. Pero regresaron. Y no solo lo hicieron los 18 de la nao “Victoria” con Elcano al frente (y los 13 indios que embarcaron en Tigore); también regresaron los 12 expedicionarios apresados en Cabo Verde, entre los que se encontraba el secretario de la flota, Martín Méndez, y los cinco supervivientes de la “Trinidad”, con el alguacil de la flota Gonzalo Gómez de Espinosa, vía Países Bajos (dominios del Emperador Carlos), cuatro años después. En total regresaron 35 expedicionarios, aunque sólo una nao, la “Victoria” que no hemos conservado… porque dicen que se dejó varada en Sanlúcar para recuerdo de generaciones y el mar, poco a poco, fue acabando con ella.

En el Museo Naval, en Madrid, está el cuadro (1919) de Elías Salaverría que muestra la llegada de los 18 superviviente al puerto de Sevilla (08.09.1522) para dar gracias a la Virgen (Nuestra Señora de la Victoria, en Triana). Dos días antes habían hecho lo propio en Sanlúcar, mucho más demacrados y sucios, ante Nuestra Señora de Guía, Nuestra Señora del Buen Viaje o Nuestra Señora de Barrameda (que no se me ponen de acuerdo los investigadores) porque, cuenta Pigaffeta, lo habían prometido si salían de una tormenta, en el Pacífico, el 10 de Enero de 1922.

Ahora está en marcha, y los tiempos económicos no acompañan, la conmemoración del 5º Centenario de la gesta (2019-2022), con centro y sede en Sanlúcar de Barrameda. En 1913 ya se intentó el 4º Centenario; no dejemos pasar la oportunidad. Ya se han hecho algunas cosas y hay que hacer más. La gesta lo merece.

Y sería una ocasión de oro para implicar en ello al alicantino Monasterio de la Santa Faz. Elcano dejó expresado en su testamento su deseo de una acción de gracias en este monasterio, en el “Lugaret de la Santa Faç”. La Armada Española, representada por el almirante Basterreche, el 20 de Abril de 1944, acudió al Monasterio a entregar en el Convento de la Santa Verónica de Alicante los 24 ducados prometidos por el navegante de Guetaria. Y además entregaron un exvoto de la nao “Victoria”.

Pocas veces se da un momento tal; apostemos por este 5º Centenario, fuimos los primeros en circunnavegar el globo.


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