20 abr. 2011

A PROPÓSITO DEL DÉFICIT ECOLÓGICO Y LA DEUDA ECOLÓGICA


Estamos en déficit ecológico; en menos de 5 meses nos hemos fundido todo el presupuesto ecológico que tenía España, la economía española, para 2011. ¡Mecachis!

Debe entenderse por déficit ecológico la diferencia entre la capacidad de aguante que tiene un área determinada del planeta y nuestra capacidad de explotación de la misma, huella ecológica que algunos llaman. Con él/ella ponemos de manifiesto la sobreexplotación que hacemos del medio natural que hemos heredado y, por supuesto, nuestra incapacidad manifiesta de regenerarlo a nivel local y global. Y debe entenderse por presupuesto ecológico el equilibrio perfecto entre la riqueza ecológica que se destruye y la capacidad que tiene el sistema de generar, y regenerar,  el sistema. Les ha dado por medirlo en hectáreas globales por habitante… y les salen unos números y unas gráficas alarmistas.

Así la cosa, se estableció en 1997 (con correcciones en 2005) que por cada habitante planetario, como capacidad de carga, necesitamos ahora 1’75 hectáreas del planeta funcionando a un ritmo de 0’03 Has. urbanizadas, 0’25 cultivadas, 0’5 de mar (por aquello de la pesca), 0’6 de bosque (para que absorba CO2) y otras 0’6 de pastos, para las cabañas ganaderas. Bueno, sale un poquito más, pero es que el 12% del total, que serían 0’25 Has., son para la biodiversidad. Ahora bien, atendiendo a la huella ecológica, necesitamos una hectárea más por habitante. Total, 3 Has/hab. Cuando en 1996 los profesores William Rees y Mathis Wackernagel definieron el concepto ya estábamos más p’allá. En 2010… nos hemos pasado (Living Plenet Report’2010).

¿Por qué?; porque nos vamos dejando… y abandonamos el monte. Y todo el monte sí es orégano (orégano significa “planta que alegra el monte”). Además, el orégano tiene todas las virtudes del mundo… aunque ahora sólo valga para la pizza. El colmo: la superficie regada descendió en 2010 un 0’4% en España, lo que es un perjuicio medioambiental; un 6’8% en la Comunitat… ¡Trasvase, ya! Y todo viene por la falta de rentabilidad de los cultivos: caen los precios en origen, aunque cada vez estén más caros en los supermercados, y suben las tarifas eléctricas (para los motores)… y les roban el cableado a los motores para vender el cobre. Alguien debe poner coto a esto…. Además, incide en el PIB donde el sector representa del orden del 20%.

Encima de esto, me duele que me sigan vendiendo lo del “taimado” CO2 y tergiversen las comparativas de los déficits y las deudas. Por si no lo saben, durante la primera década del XXI la superficie forestal de España ha aumentado en más de cien mil hectáreas/año (FAO dixit). La cosa ha sido por la prevención, la vigilancia, el buen clima, la lluvia justa y la abundancia de CO2, que mantengo que es bueno buenísimo para que esos árboles realicen la fotosíntesis y estén más fuertes y potentes. Hace unos días contaba el profesor Uriarte, ahora también en el Diario Levante, que el INIA confirma que nuestras masas boscosas se quedan ya con el 23’4 % de las emisiones de un CO2 que engrosa la masa forestal y la vida orgánica vegetal. Plantemos más árboles… y cuidémoslos.

Y para colmo, me he encontrado estos días con la deuda ecológica, esa que dicen que tenemos “los del Norte” con “los del Sur” a los que “hemos explotado durante siglos y ahora les hemos dejado un país casi expoliado y unas estructuras que les hacen depender, encima, de nuestro consumo y nuestros préstamos”.  Sí, el desarrollo que hemos logrado “los del Norte” es directamente proporcional a lo mal, en general, que les va a “los del Sur”. Cierto es que el flujo de  recursos y energía del Sur ha posibilitado el desarrollo del Norte, pero a su vez el Norte ha “exportado” hacia el Sur la entropía propia del crecimiento. Sí, hay una deuda, ecológica la llaman. Pero su satisfacción debe ser en forma de fórmulas de desarrollo, no de pagos monetarios compensatorios que, tal como son los dirigentes, terminan en Suiza, en las cuentas del aparato. Sorprende el número de grandes yates en los puertos deportivos americanos cuyos dueños viven la mayor parte del año en los distintos países de América del Sur… y alguno hay que ante un rebrote del dengue se me marcha a Ecuador.




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