23 dic. 2012

DE BENIDORM, UN MODELO DE DESARROLLO URBANO (XV)



AQUEL PLAN DEL 56

Memoria del Plan General de 1956 señala muy inteligentemente que “no se puede prever el futuro crecimiento de Benidorm[1].

En el verano de 1954 Benidorm tuvo 12.516 veraneantes y para 1955 se apunta la cifra redonda de 15.000 veraneantes[2]; la población de hecho de Benidorm a 31 de diciembre de 1955 era de 3.023 ciudadanos, siendo la población de derecho de 2.982 vecinos.

Benidorm, Paseo Colón. Finales de los años 60
El criterio seguido en la planificación de suelo urbano no era otro que el de determinar unas grandes superficies por si llegasen a hacer falta, pero el plan estaba concebido en sí como urbanismo de “ciudad-jardín” porque se pretendía hacer una ciudad de veraneo, confortable, con chalets medianamente aislados (baja densidad) y rodeados de arbolado.

Aquél Plan, como dijimos, señaló una mínima zona de tolerancia industrial, junto a la estación del ferrocarril de vía estrecha, y hasta planteó desviar la Nacional 332 a su paso por la villa. Incluso creaba una zona deportiva.

El Plan que analizamos fue muy respetuoso con el Medio Ambiente y aunque no contempló en sí la creación de zonas verdes si deja a las calaras que “no se permitirá el arranque de árboles sin que por cada uno que se pretende arrancar se planten tres, garantizando esa acción con el depósito en metálico ante el Ayuntamiento”. En realidad, lo que hacía era cumplir con una antiquísima tradición comarcana del XVIII cuando la sericultura, la industria de la seda, estaba radicada en La Nucía (telares) y en todas las casas comarcanas se conseguía simiente (huevos del Bombix mori) para cuidarlos y obtener el gusano que diera el capullo de seda alimentado con hojas de morera, y se potenciaba que se plantaran moreras (Morus alba) en casi todos los lugares posibles. De hecho, cada habitante de la comarca estaba obligado por tradición a plantar cinco moreras al año y si se perdía una, debía replantar tres[3]. Una epidemia de pebrina (microsporidia Nosema bombycis) acabó con los gusanos y se eliminaron las moreras en medio de una fuerte crisis comarcal a finales del XIX.

El Plan del 56 fue muy exigente con las playas y ya entonces se prohibieron los “chiringuitos. En cuanto a las playas, “se prohíbe la construcción de edificios de cualquier clase, o locales, en la zona comprendida entre el mar y el Paseo Marítimo de la playa, así como instalaciones temporales, quioscos, barracas, etc., excepto toldos y sombrillas que se ajustarán a las normas que a este objeto tiene dictadas el Ayuntamiento”.

El Plan General de 1956 constituye un verdadero hito en el proceso de planeamiento de la ciudad al contener previsiones de gran validez a la hora de encauzar el crecimiento. Rompió drásticamente con las ideas del momento y únicamente se determinaron superficies para la extensión entendiendo que la misma dinámica turística sería capaz de ir atribuyendo usos al suelo.

Benidorm, Playa dr Poniente. Finales de los años 60
Una de las ideas más determinantes del Plan del 56, que fue eliminada a las primeras de cambio, fue la de hacer una ciudad de muy baja densidad, con chalés aislados. Se optó, posteriormente, por la edificación en altura pero manteniendo el postulado de la baja densidad; y se consiguió el efecto pretendido.

Fue el del 56 un planeamiento de alto contenido turístico; era un plan concebido por y para el turismo y, de alguna manera, configuró el modelo de organización de la actividad volcado hacia el turismo de masas. Pero además, fue un plan netamente urbano que optó por la agrupación y cuyo final fue una densidad moderadamente alta. El Plan General de Ordenación Urbana de 1956 “fue un plan para construir ciudad[4], aunque en modo alguno llegara a pensar en las necesidades futuras una vez consolidado Benidorm como ámbito residencial estable, que era lo perseguido.

Se desarrolló a través de Planes Parciales desde el primer momento, lo que facilitó su ejecución, siempre a costa de los propietarios del suelo. Pero se llevó a cabo sin las complicaciones que en estos momentos se derivan de proceder con Planes Parciales e incluso con figuras de planeamiento inferior, y prefiguró un modelo de gestión urbana basado en fórmulas avanzadas, como el cómputo del aprovechamiento, y en procesos incipientes de concertación, como las cesiones de viales y la ejecución de la urbanización por el Ayuntamiento pero a costa de los propietarios del suelo).

Se distinguió el Plan por lo que se llamó Zonas Activas que en un total de nueve determinaron el proceso general. Estas fueron, de Sur a Norte: Casco Antiguo/Tradicional, Ensanche de Casco Antiguo, Zona de Tolerancia Industrial y Zona Exterior; al Este, Playa de Levante, Zona superior de Levante y Sierra Helada; y al Oeste, Playa de Poniente y La Cala.

Fundamental es, así mismo, destacar, una vez más, que no determinó, el Plan del 56, de manera estricta los usos del suelo y el destino del mismo se dejaba al albur de las circunstancias que generara la dinámica económica de cada momento. Esa alta flexibilidad que se le implantó es la que permitió, y ha permitido,  un alto grado de ajustes entre las necesidades concretas de cada situación y las posibilidades que otorgaba la ausencia de directrices rígidas en los usos del suelo.

Finalmente, quiero destacar que el Plan de 1956 reclamaba de la autoridad municipal una intervención activa en el proceso, pero nunca policial; el Ayuntamiento era inductor y garante, pero no inquisidor.

El modelo propuesto de ciudad-jardín no cuajó ni aún en la fase de Planeamiento. La demanda turística de la época buscaba alojamiento en apartamentos y hoteles; no en chalés.

No podemos considerar que se tuviera en cuenta el precedente de casitas en urbanización ciudad-jardín de Segur de Calafell -la urbanización de la finca Sant Miquel, propiedad del Marqués de Alfarràs-, cuyo planeamiento es de 1946 y los primeros desarrollos ya eran bien visibles a mediados de los cincuenta. Nos inclinamos más por la demanda turística como causante de las primeras y definitivas modificaciones.

Así pues, aún con los planos encima de la mesa y la Memoria redactada, se hubo de rediseñar la cuestión de los volúmenes con la intención de animar y favorecer a los propietarios de los terrenos que ya habían sido afectados por la amplitud de los viales. Pero loS que se beneficiarán serán los promotores llegados de fuera.

Se apuntó a una expansión rápida y ordenada y para ello se diseñan, con el plan recién aprobado, las primeras modificaciones tendentes a lograrlo que configurarán el Post final de esta serie.






[1] Gaviria, Iribas, Sabbah y Sanz: Benidorm, ciudad nueva. Tomo I, página 26
[2] Pedro Zaragoza; Así será Benidorm
[3] Apuntes sobre la Historia de La Nucía
[4] Memoria del Plan General de 1990

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