18 sept 2014

DE UNA NEUTRALIDAD QUE NO FUE TAN NEUTRAL; LA DE ESPAÑA EN LA IGM


Este Post viene de hablar con un fontanero mientras arreglaba una “animalía” efectuada por un colega suyo. Me salió muy “i-lustrado”; pero “i” de iluso y “lustrado” de brillante: un iluso brillante, ¡Vágame Dior, Christian Dior! Eso sí, arregló la “animalía”.

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El 7 de agosto de 1914 España declaraba su neutralidad en lo que se ha llamado I Guerra Mundial (IGM). La neutralidad española, asumida por el Gobierno y el Rey, era también una terrible declaración de la impotencia de España: economía atrasada, sistema político inoperante, ejército incapaz -según se demostraba día a día en Marruecos- y una flota insuficiente para defender sus extensas e indefensas costas atlánticas y mediterráneas contra cualquier ataque enemigo.

Y la verdad es que no era nada nuevo, lo de la neutralidad, porque desde octubre de 1913 tanto el rey Alfonso XIII como Eduardo Dato (conservador) no paraban de repetirlo. Incluso el Rey había manifestado al presidente Poincaré. No sólo lo de la neutralidad española sino el compromiso de que Francia podría desguarnecer el flanco Sur (los Pirineos) porque su única amenaza podía venir del flanco Este (Alemania).

A Dato siguieron otros presidentes que así continuaron: Álvaro de Figueroa, Conde de Romanones, un ferviente admirador de la Entente, el liberal Manuel García Prieto y hasta Antonio Maura, ferviente germanófilo, no movió la ficha de España. Finalmente fue Romanones el que gestionó el final de la Guerra y la ruptura de relaciones con Alemania. Y fue a París  y habló con Wilson, Poincaré y con todo el que se le puso delante buscando que España estuviera en la Sociedad de Naciones… y estuvo.

Pero dentro de la neutralidad, España se mojó desde el primer día. Salvador Bermúdez de Castro, marqués de Lema y ministro de Estado, ya comunicaba a finales de agosto de 1914 a León Geoffray, embajador de Francia, que lo de España sería “apariencia” y se colaboraría dentro de las posibilidades.

Ya en los Acuerdos de Cartagena (Declaraciones de Cartagena, Murcia; 1907) Alfonso XIII ofreció al presidente Raymond Poincaré poner todos los puertos españoles a disposición de las escuadras francesa e inglesa, así como la red ferroviaria para trasladar a Francia las tropas francesas de África. ¡Qué previsión! Lo de los puertos estaba bien, pero si las tropas Francesas en África tenían que llegar a la metrópoli cruzando España al traqueteo de los trenes españoles… aún las estarían esperando.

Célebre se hico la frase del embajador español en París, Fernando León y Castillo, Marqués de Muni: “Somos neutrales de Gaceta”… por que La Gaceta era el BOE de entonces[1] y la neutralidad española se había publicado en ella.

También habría que destacar en esta neutralidad tan poco neutral el trabajo de Luis Polo de Bernabé y Pilón, sempiterno embajador del Reino de España en Berlín -lo fue entre 1906 y 1920- que toreó a los ministros del Kaiser. Tiene narices, pero es que además de los de España, don Luis se encargó de los intereses de Francia entre 1914 y 1917; incluso de los de Bélgica. Y hasta negoció las indemnizaciones hacia España.

Inglaterra, Gran Bretaña, era entonces el Imperio Británico
Por cierto, lo prolongado de la contienda acrecentó la importancia de la guerra económica y revalorizó la situación estratégica de España. En la guerra económica España ofrecía a Francia y Gran Bretaña productos alimenticios y suministros militares; además, los españoles podían trabajar en las fábricas francesas, y así se liberaban hombres para el servicio militar en el frente. Y lo más gracioso de todo es que el embajador Luis Polo consiguió una corriente de viva simpatía hacia España tanto en las esferas oficiales como en la opinión pública alemana junto al convencimiento de que el rey Alfonso XIII estaba personalmente del lado del Kaiser Guillermo II. Alemania quería la estricta neutralidad de España y España, oficialmente, la exhibía. Es más, se permitió un inusual tráfico de mensajes regios a cargo de submarinos hasta que en febrero de 1917 Alemania intensificó la guerra submarina y empezó a atacar barcos españoles[2].

Un hecho poco señalado de la IGM es lo del túnel ferroviario de Canfranc (Túnel Internacional de Somport[3]). En 1908 comenzaron las obras y cuando estalló el conflicto el túnel estaba completamente horadado y… sirvió para pasar de todo a Francia lejos de la vista de posibles espías. El túnel se inauguraría finalmente en 1922 y entraría en servicio en 1928, pero durante la IGM fue un importante cordón umbilical España-Francia. No estaban tendidas las vías, pero los 7.875 metros eran realizados casi a diario por mulos cargados con distintas mercancías. En más de una ocasión, política de guerra, se habló de contrabando, cuando -en realidad- era una práctica establecida como apoyo a la Entente. Es más, tanto el fuerte militar del Coll de Ladrones como la Torre de Fusileros hacían prácticamente inviable tal práctica: el Ejército español controlaba la vía de comunicación. Pero, sin lugar a dudas, el tráfico por el túnel ferroviario de Somport fue una nimiedad frente al tráfico que generó la Comisión Interaliada de Compras en España.

La verdad es que aquella neutralidad nos vino bien: transformó Madrid en un centro favorable para la realización de negociaciones diversas (después de haber sido un nido de espías); el servicio diplomático español asumió la representación de un número creciente de beligerantes al irse extendiendo el conflicto; y el Rey Alfonso XIII organizó personalmente una oficina para el socorro y cuidado de las víctimas de la contienda, mediando para obtener garantías sobre los presos de guerra.

En mayo de 1919 se celebró la Semana de España en París como agradecimiento de la “neutralidad” Española durante la Guerra.



PD. Estos días de efervescencia nacionalista catalanista también se habla de la aportación de 10.000 voluntarios catalanes (incluso se llega a hablar de ¡¡20.000!!) a las tropas francesas para combatir a los Imperios centrales… pero en los Archivos de la Legión Extranjera Francesa sólo figuran inscritos -en 1914- 954 españoles (554 de incorporación tras estallar el conflicto y la neutralidad española) que fueron adscritos al 1er Regimiento de Marcha (RMLE).




[1] el BOE es el heredero de La Gaceta de Madrid
[2] En la madrugada del 19 de agosto de 1915, el vapor Peña Castillo fue echado a pique en apenas quince segundos por el impacto y posterior explosión de un torpedo lanzado por un submarino alemán no identificado. Veintiún tripulantes españoles hallaron la muerte; fueron las primeras víctimas de nuestro país en el conflicto. En total fueron unos 100 los mercantes y pesqueros (entre 139.000 y 240.000 TRB) hundidos (no hay referencias a submarinos alemanes en todos los casos), con unas 1.000 víctimas.
[3] Hoy, Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC)-Astrofísica de Partículas, Universidad de Zaragoza; el único que hay en España. Estudia la materia oscura, los neutrinos y las partículas elementales.

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