18 sept. 2010

Erasmus

Me creía el Rey del Mundo por 3 intensas semanas en la Universidad de Bolonia (madre nutricia de los estudios, que cuenta su lema), en 1980, para un curso -hipermegaultrarrápido- de Enología para aquella ingeniería del agro que de nada me sirvió; no estaba yo, al terminar en la EUITA, por vender abonos y actuar de agrimensor, aunque luego me encantó… pero ya estaba en otras guerras. Ahora, añoro las aventuras de aquellos días con Miguel Agulló (nº 1 en palmeras y jardinería del mundo muncial), José Mª Filgueiras y el siempre genial Gabriel Ruiz (hoy catedrático), con el que medí el tramo final del Trasvase Tajo-Segura, tratamos cosas de invernaderos en El Pilar de la Horadada e hice algún que otro proyecto de matadero industrial. Pero, desde luego, no era lo mío.

En los noventa, Geografía en ristre, descubrí la atracción Erasmus por la Universidad de Alicante; recuerdo a una italiana que se lo bebía todo pensando en les Fogueres de Sant Joan el mismo mes de octubre, nada más desembarcar. Y a una alemana… y un níveo británico… Se lo pasaban “pipa” y encima les iban aprobando las asignaturas. Supe de más chismes Erasmus en nuestra estancia en Valencia; cosas de la Universidad. En mis primeros tiempos no había Erasmus, que es cosa del 87.

Por eso, el curso pasado cuando mi mayor tuvo su beca Erasmus se me pusieron los pelos como escarpias. Eligió la Università D’Anuncio, en Pescara (Italia), frente al Adriático, y me eché a temblar. Cría hijas para esto. Pero no. Descubrimos los Abruzzos y a ella le fue bien en Arquitectura. Y para arquitectura la propia facultad y la Basílica de la Modonna de los 7 Dolores.

Como los hijos primeros se convierten en un laboratorio de sensaciones y de realidades, para la segunda Erasmus la cosa ha sido pan comido. Ya se nos ha quedado en Cardiff (Gales, Reino Unido). ¿Por qué Cardiff? Pues por lo mismo que Pescara para la mayor: porque sí. Hijos.

A favor de Cardiff tengo el Penderyn, un güisqui galés que merece una inmersión en profundidad, que les prometo. Y tiendas, que esa es otra. Ya soy un experto en M&S, Primark y Debenhams.

El Museo de Historia de la Ciencia de la Universidad de Pescara tiene, seguro, otro; pero ahora estamos en la novedad de una ciudad recompuesta, olvidada la vieja minería del carbón, y que tiene mucho que descubrir.

Vueling y Ryanair, Ryanair y Bmbaby tienen la culpa de todo esto. Me gusta el programa Erasmus. Te dejas caer por cuatro perras, los ves, haces turismo… y, desde luego, es una experiencia para ellos/ellas que muchos no tuvimos en nuestros pasos por nuestras madres nutricias de aquellos estudios.

El boy-friend de ésta se me va, también, en nada en Aachen. Me volví loco buscando cuál sería, en Alemania, la Universidad de Aachen: es ¡Aquisgram! Jódete, a la ¡¡¡RWTH!!!… esta juventud. Bueno, eso exige saltar un fin de semana a ver si queda “algo” de la Capilla Palatina… y saltar a Bélgica y a Holanda, que están a un paso. Ir a la RWTH, que es la leche, más bien no.

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