10 sept. 2010

Problemas de mi memoria: masas y cartas petitorias... y marquesas pepitorias

Lo de ayer en Vista Alegre estuvo guay: a Cándido -4º vicepresidente, que le llama Herrera- se le quedó carita de su nombre cuando las masas petitorias se saltaron el guión y sentenciaron, al grito de “ZP, embustero”, ¡¡dimisión!! Claro, con el susto le salió lo del “gallo rojo”… y a mí, hastiado de la muestra sindicalista de ayer mientras le han hecho el caldo gordo hasta antes de ayer, me vino a la memoria la cordial imagen de Pancho Pita… y El Gallo Rojo, la “mejor sala de fiestas de Europa”. José Vidal Masanet, con Pancho como jefe de sala, puso Alicante (bueno, El Campello) como epicentro del glamour mundial de los sesenta (se inauguró en el 58 o el 59; no doy con Pancho, que vive ahora en Alicante, para que me lo confirme) con los mejores espectáculos del momento.

Y para espectáculo, los 16.000 sindicalistas de marcha en Madrid -masa petitoria- coincidiendo con el debate de la Reforma Laboral. Esa demostración no tiene mérito; protesta descafeinada. No arriesgaban nada. A ellos no les quitaron ni un céntimo de la nómina, estaban muy en su papel, era una apetecible excursión matritense en jueves laboral (vamos, que hicieron pellas) y por la tarde-noche estaba el Madrid Fashion’s Night Out. A la reforma laboral debería seguir una reforma sindical sobre unos sindicatos que sólo representan a un mínimo laboral.

Pero si llamativa fue la muestra sindical que me recordó las Demostraciones Sindicales de los sesenta, pero sin el tedioso espectáculo de los “Coros y Danzas” -aunque sí hubo coríforos-, lo de “el hombre que veía amanecer” -hace una década- tiene narices. “Telefónica, BBVA, Santander y CEPSA financiaron a Garzón sin ‘control de gasto’”, se puede leer hoy… y él dice que no. En seguida me vino a la cabeza la figura de la carta conminante-petitoria que siempre fue respondida.

Y una cosa por otra, lo petitorio me ha llevado a Serafín; a las mesas petitorias y marquesas pechugonas de Serafín Rojo, el dibujante humorista que comenzara en Jaimito, con “Don Polinomio”, hacia 1950, y termina en La Codorniz con sus “orondas, descocadas y etílicas marquesas”. Y ya se sabe, entre leer algo del mediático juez estrella o “Las nobles brujas” de Serafín, me quedo con éste último que me hará reír… Eso, por no desempolvar y abrir algún ejemplar de “La Codorniz”, que cruje cuando pasas páginas… o de su fugaz sucesora, “La Golondriz”; pero siempre por Serafín.

Ya se sabe: las estrellas comienzan en nada, una nube de gas, y siguen un proceso (Diagrama H-R, 1911-13) de “engorde” que les lleva a morir de éxito en forma de nebulosa planetaria, supernova o brote de rayos gamma. El Sol, nuestra estrella, está ahora en la mitad de su vida; dicen que en 5.000 millones de años comenzará a hacerse más y más grande hasta convertirse en una ”gigante roja” y colapsar, muriendo, en “enana blanca”. No sé en que fase final está ahora el juez estrella, pero las estrellas suelen dejar, al morir, lo que se llama “remanente estelar”… que hasta puede generar un agujero negro. Morir matando, vaya; eso debería preocupar a alguien.

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