24 sept. 2010

Posicionándome para el miércoles

Imagino que a nadie se le escapa que el principal problema de España es su crisis económica. En ella los sindicatos tienen mucha responsabilidad; no están exentos de culpa. Cándido tiene predicamento en Moncloa, y los dos le rieron las gracias a ZP.

Yo sí estoy afiliado a un sindicato, no de clase. Y a mí que éstos no me esperen el miércoles para secundarles.

Me llama la atención el protagonismo que les venimos dando a estos sindicatos (a todos). Ni siquiera el 18 % de la fuerza laboral del país tiene militancia sindical (y no todos en los llamados sindicatos “de clase”) y los tratamos como si en ello nos fuera la vida. Me asombro.

Según las estimaciones de la FEE (Federación de Empleadores Europeos), la media de sindicación de la UE ronda el 20%; los países de la Europa septentrional son los que tienen una mayor sindicación. Con los datos que maneja Eurofound, Finlandia encabeza el ranking con el 90% de afiliación, seguida de Bélgica y Suecia. España se sitúa en la parte baja de la tabla, con un 17,4 %, según la última “Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo” a la que he tenido acceso, y que es de 2008. Los datos oficiales de sindicación son un rompecabezas; no veas los de liberados sindicales.

Lo que más me “preocupa” a mí -y parece que no a ellos- es que lo de la sindicación va a la baja. El Observatorio Europeo de relaciones laborales Eironline, comparando 2003 y 2008, sentencia que hay "una clara tendencia a la baja en la sindicación en Europa". España no es una excepción. El informe "Panorámica de las condiciones económicas" (Global Policy Network, 2006) así lo constata. Sí hubo incremento de afiliación entre 1981 (8,3%) y 1993 (17,2%), pero a partir de ese año -1993- "se habría producido un estancamiento en su crecimiento": sólo un 0’2% más hasta 2008, hasta el 17’4%. Vamos, un batacazo morrocutudo de sindicación en los 15 años más trepidantes de nuestra vida económica. Y lo más grave: ni la precariedad, ni el récord de parados han conseguido dar un impulso definitivo a los sindicatos “de clase”. ¿Por qué será?

El periodo 1945-1970 representó la Edad Dorada del sindicalismo europeo. En España se hubo de esperar a la Transición. En la Europa Occidental, desde principios de los años 80 (y España desde los 90), hemos sido testigos de un prolongado declive en afiliación en el contexto de una economía globalizada y de políticas neoliberales. La recesión mundial, que comenzó en 2008, parece haber asestado un nuevo golpe a los sindicatos. En España necesitan sentirse vivos y tras un lapso de concubinato gubernamental quieren demostrar que existen. ¿O son las bases las que lo exigen?, porque no me digan que los cánticos “ZP, dimisión” de las últimas reuniones sindicales no son un toque de atención a Méndez & Toxo & Co.

Los especímenes más raros en esto de la sindicación, en los últimos 30 años, somos los finlandeses (han subido en afiliación; del 89 al 90%) y los españoles (10 puntos, del 7% al 17’4%). Se dan casos de pérdida de afiliaciación sindical de 1, 4 y 6 puntos [Bélgica (53%), Noruega (54%) y Canadá (29%)]. Existe una sólida literatura académica sobre las causas del declive de la afiliación sindical y la caída de la tasa de huelgas, que excede de mi compromiso en el blog.

¿Sabían que los países de la UE más proclives a la huelga entre los años 1980-2006 (los del estudio que he localizado) son Grecia (38 huelgas generales), Italia (13), Francia (10), Bélgica (7) y España (5)? Y las 5 de España han sido: cuatro de ellas con paro de 24 h -1985, 1988, 1994 y 2002; y otra de media jornada en 1992. En 1978 hubo otra de 1 h. Mientras tanto, en Dinamarca, Alemania, Reino Unido, Suecia y Finlandia, por ejemplo y con mucha más sindicación, en esos 27 años no hubo ninguna. Europa es así.

Me permito trasladar a su consideración que en España hay desinterés sindical. No hay nuevas afiliaciones. Y eso, digo yo, debe deberse al desprestigio que tienen los sindicatos “grandes” (UGT y CCOO) que piensan aún en clave sindical del XIX. No sé si es cosa mía, pero los veo más obsesionados en sus cursos, en sus subvenciones, en sus liberados y en sus “horas sindicales” que en solucionar los problemas de los trabajadores a los que representan. Y lo más grave: son los mismos sindicatos que fueron capaces de dar su apoyo al Gobierno ZP en la reforma laboral de 2006, que restringió aún más los derechos sociales de los trabajadores. La de 2010 es un chapuzón.

En fin, que considero que los actuales sindicatos mayoritarios, los de clase, sólo sirven para maquillar los fallos que en materia social tiene el sistema económico capitalista que nos hemos dado.

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