7 sept. 2010

Mi amigo Calavera

A medio día (D.m.) le darán el alta. En 9 días me lo han sometido a una gran carena, como si de un bregado submarino clase Seawolf se tratara, le han repuesto la válvula de combustible del reactor y me lo han dejado como nuevo. Ahora, ha prometido dejar la primera línea de singladura y pasar a la patrulla sosegada. Pero es que este Alberto, como el de Serrat, “aún tiembla con los motores, las muchachas y las flores”… y no me lo creo yo; que la cabra tira al monte.

Le conocí una noche de final de verano, en cosas de mises, En los tiempos heroicos de la promoción turística con los viejos Fomento Provincial del Turismo, en la gala de Miss Villajoyosa ambos coincidimos en que a pesar de la juventud, lozanía, simpatía, dulzura, proporción y belleza de Belén Rueda, la miss debió ser su señora madre. ¡Madre mía; qué señora! Y, naturalmente, al poco en el Cap Negret alteano, por estos días de septiembre, con Pepe Navarro de maestro de ceremonias, Belén revalidó nuestra opción y fue Miss Turismo Costa Blanca’84. Luego periodismo y turismo no mantuvieron en comunión.

Plumilla cuando fue necesario, voz sin par en la radio y figura en la tele, Alberto Urbiola ha ido sumando enteros. Más aventuras periodísticas que periplo viajero tuvo Benjamín de Tudela en el XII. A música, casi se la echa con JR Pardo… y le gana. Lo último que hicimos juntos fue una tarde en “Café con hielo”, en Intereconomía TV, una tarde de agosto.

Organiza como nadie. El día le sumaba siempre 36 horas; lo que unido a medio cartón de tabaco al día y un bidón de café diario trae estas cosas. Últimamente Urbiola era como el titán Atlas, aquél al que Zeus condenó a cargar sobre sus hombros el globo terráqueo. Y pesar, lo que se dice pesar, el mundo (con el demonio y la carne), pesa.

Los días que ha estado hospitalizado en la 325 había un letrero en la puerta que decía Alberto Urbiola Calavera… y con él ha pasado todo este tiempo. Alberto, su nombre, significa algo así como “el que brilla por su nobleza” y no le ha dado mayor importancia. Una “T” lo hubiera arreglado todo: Talavera.

El caso es que para celebrar la gran carena, en nada tenemos que darnos cita en Van Zuyden, en la Torensteeg, junto al Single, en Ámsterdam, para disfrutar la cerveza de otoño (un par de ellas, no más) y ya puestos, Alberto, en la Cölner Hofbräu Früh… y en la Peters Brauhaus… bajando al Rin, que en Colonia llaman Kölsh a la ciudad, a su cerveza y a su idioma… para que nos sea más fácil disfrutarla. 2, no más, colonesas y buenas… que a San Miguel has estado a punto de verlo.

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