24 oct. 2010

Entre lo gitano y lo flamenco.

(I) Lo gitano

Por imperativos del oficio me he visto obligado a unir lo gitano y lo flamenco. Vaya este resumen. Primero, lo gitano; mañana, lo flamenco. Dios dirá.

De origen indostánico y proyección transeuropea, los gitanos llegaron desde el Punjab (la región India de los Cinco Ríos) y tras asentarse durante siglos en Persia viajan a Europa tras una larga estancia en Grecia (a Europa occidental) y Armenia (a Europa Oriental). Cruzaron los Pirineos hacia 1415 y llegaron a la Corona de Aragón y, al poco, a extenderse por la de Castilla, hasta afianzarse en las tierras del Sur: Extremadura y, especialmente, Andalucía. Al principio levantaban expectación y misterio. Alfonso V de Aragón extendió un salvoconducto para atravesar su reino, en Barcelona (1425), a “Juan y Tomás, condes de Egipto Menor” (así se llamaba entonces a Corfú y las islas Jónicas del Epiro greco-albanés). Por ello, a quienes formaban la comitiva se les llamón “egipcianos”; y de ahí deriva la palabra gitano en España. En los documentos de la época se les llama “bohemios”. A estos siguieron varios grupos más; unos tres mil en la oleada de 1425-1430.

En 1499 los Reyes Católicos dictan las Pragmáticas de los Egipcianos, de Granada y Medina del Campo, y los declaran al margen de la ley. Y así permanecerán, menospreciados y habiendo de refugiarse en cuevas, fuera de las ciudades, hasta 1783 en que Carlos III regulará su situación: “son iguales al resto de mis súbditos”; y serán, y son aún, tratantes de ganado, mineros, herreros, caldereros, artesanos y temporeros (trabajadores de temporada) en el campo. En Andalucía y Extremadura se dio pronto carta de naturaleza a la Ley Gitana tras la legislación de Carlos III, y comenzarán a implantarse en Levante y Cataluña; incluso en el País Vasco. Pero será en la Guerra de la Independencia (1808-12) cuando se ganen, en la lucha contra el francés, un sitio en la iconografía de los guerrilleros españoles y el respeto de la gente. Ya en sintonía con la población, el auge de la agricultura, a partir de 1850, los situará entre los más trabajadores jornaleros de la época, muy requeridos para las tareas agrícolas. Y también será el toreo el que encumbre a muchos gitanos como banderilleros y figuras del siglo XIX y principios del XX.

El proceso de integración fue intenso desde 1850 hasta 1950 en que comienza la rápida industrialización de España y la falta de adaptación de los gitanos a las novedades sociales del momento, y a la modernización agraria, les deja fuera de juego. Sus oficios y habilidades ya ni eran necesarios ni requeridos. El desempleo cayó sobre las comunidades gitanas. Comenzó en la postguerra española una larga fase de choque de culturas y una deriva hacia la delincuencia. No son todos los gitanos, pero en la sociedad moderna un mínimo número de problemáticos son bandera de una importante comunidad de más de 650.000 gitanos en España.

La Ley Gitana pesa mucho, para bien y para mal, en todo el proceso. Lo que para occidentes en lógico e indiscutible, para oriente es absurdo y negativo… y viceversa. Los gitanos llegaron de Oriente. La ley gitana exige: respeto a la familia, cuidado de los hijos, veneración por los ancianos, hospitalidad con el visitante, honor por encima de todas las cosas, libertad del individuo como condición natural, solidaridad con otros gitanos y el acatamiento absoluto de la Ley Gitana. Ella lo preside todo, para bien y para mal.

Se sienten pueblo porque tienen cultura, aunque no tengan territorio. Su cultura es ágrafa (ausente de literatura) y no por ello menos importante. Se transmite oralmente y, dicen, que por ello está más viva. Su cultura es su lengua, su ley, sus ritos y tradiciones y, sobre todo, sus expresiones artísticas. Su lengua es el “romanó” (“romaní” y “caló” en España). Su mayor implantación se da en Andalucía, donde el 22 de Noviembre se celebra el Día de los Gitanos Andaluces. Y es en Andalucía donde en arte, no se sabe donde acaba lo andaluz y empieza lo gitano, más allá del color de la piel. Los gitanos dicen que son de la “raza calé” (de piel más oscura). “Calé”, en “romaní”, significa “oscuro”.

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