27 oct. 2010

Viriato amenaza de nuevo

Cielos, ¡qué miedo! Miércoles que es: una nueva batalla Viriato v. Príncipes. Es lamentable, pero Celtiberia Show sigue de moda. Siempre ha habido dos Españas: la visceral y la cotilla. ¿Cuál es cual? Antena 3 y Telecinco se la vuelven a medir. En el primer round dicen que ganó Viriato. Los analistas de TV ponen a parir la obra de los de Fuencarral: poco menos que les consideran quintacolumnistas de la III República.

Ya me he posicionado sobre “Hispania, la leyenda” en cuanto a la parte “técnico-histórica”. Y a pesar de mis menudencias denunciadas, ganaron la audiencia.

Pero… ¿nadie se dio cuenta de los nombres de los personajes y los diálogos? Con los “romanos” no hay problemas, pero con los Lusitanos se me marcaron una Altea que chirriaba más que Althaia; un Héctor, un Teodoro (“regalo de Dios”; ¿?, increíble), una Nerea y una Helena con regusto griego; un Darío de más allá del Helesponto (Dardanelos, para los de hoy), un Paulo que sabe a bíblico… un… un desastre de investigación onomástica. Y, ¿qué me dicen de los diálogos de besugos propios del siglo XX? ¡Qué lastima de serie! Y casi 5 millones de espectadores.

Una cosa ha quedado clara: la serie de Antena 3 sirve para recomendar una imprescindible visita a Extremadura, un territorio de Vetones y Lusitanos que se romanizó con acierto y dejó bellísimos restos sobre el zócalo paleozoico. La omnipresencia del granito y la pizarra dejan ver el carácter apalachense y su gran variedad ecológica. Extremadura es para perderse con los cinco sentidos, desde la Siberia extremeña al valle del Jerte; de la cereza al cerdo; del pimentón de la Vera a la Torta del Casar. ¿Ha oído hablar en castúo bebiendo un vino de pitarra?; ¿conoce las leyendas del río Salor y la entrada al inframundo? ¿A qué espera? Extremadura es alucinante.

Y tras la punzada promocional turística, volvemos a la realidad. En cuanto a la miniserie de Telecinco, por el tafanario…, ¿qué decirles? Ya los han despellejado bien los analistas de medios. Los personajes, todos, parecen más falsos que aquellas monedas tailandesas de 10 bahts (24 céntimos €) que se hacían pasar por las de 2 € en 2005. Pues eso.

En fin, que estamos como en el XIX; buscando en el armario un héroe patrio que blandir.

Y amparándome en el título del segundo capítulo de la entrega viriatense, “La liberación de los esclavos”, les ofrezco, ya que para el cine están trabajando ya con “El capitán Trueno”, que me produzcan las aventura-historietas de “El Jabato”, que también traían lío cronológico y onomástico, contra el Imperio Romano, y la primera historieta se llamaba igual. Aquí, el compi de “El Jabato” se llama “Taurus” y es tan bruto como el “cuñado” de Viriato. Como “detalle” mostraba un bigote daliniano que era la envidia de don Salvador, desde Cadaqués. Había una dama, Claudia; romana cristianizada (¡faltaría más para la época!) que era un clon de la Sigrid sueca del Capitán Trueno. Y hubo un personaje más, el tal Fideo de Mileto, el espíritu de la golosina con lira neroniana, que viene a ser el Paulo de Viriato. A “El Jabato” se le perdonaron sus anacronismos históricos y a Víctor Mora, su creador, que le gustara tanto “El libro de la Selva”. En algún momento el trío se encuentra con un niñito indochino, Tai-Li, que vive en la selva con su tigre “Bambú” y su mono “Bongo”. Con los ojos de hoy: ¡des-co-jo-nan-te!

A Mora y su equipo no estábamos entonces para echarle en cara todas las incongruencias; nos divertíamos. A los de Antena 3 y la productora (Bambú producciones), sí. Aunque gracias a ellos he recuperado un cajón con los viejos tebeos repletitos de polvo y olor a humedad; están rígidos.

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