17 abr. 2010

La fuente luminosa

En ese elipsoide que insensatamente llaman “rotonda” y que se ubica en la confluencia de la Nacional 332a con la CV7670 -dicho en román paladino (en el que suele el pueblo fablar a su vecino), entre la Avenida de la Comunidad Valenciana y la Avenida de la Comunidad Europea (que, por cierto, ¿a ver a qué esperan para nominarla como de la Unión Europea, porque desde el 1º de noviembre de 1993 ya no existe la CE; y más desde el Tratado de Lisboa, de 2009?- hay una fuente “luminosa” que no lucía desde… por San José; que del día exacto no nos acordamos ni el semoviente de la Unidad Familiar, “Putoperro”, ni el que suscribe. Pero el viernes por la noche, ¡zas!, volvió a lucir. ¡Che, que alegrón!

En nuestros paseos cuasi nocturnos subimos Europa disfrutando del espectáculo, que poco a poco se nos acrecienta, del cambio de luces en el juego de chorros acuosos. Y así, subiendo, le explicaba al chucho (es que ya he quedado para eso) lo atractiva que puede resultar. El can me aguanta porque no le queda más remedio, pero ya recela cuando enfilamos rumbo norte.

Él y yo pensábamos -es que el tuso este parece que tiene inteligencia (artificial, faltaría más)- mientras bordeábamos la órbita del invento, que nada más hacer pluff -y lo hizo- y quedarnos a oscuras -como nos quedamos aquella noche- un ”alguien” iba a dar parte a la Brigada 900 y en un plis-plas iba a estar de nuevo la fuente en fase colorín. Pues no; nuestro gozo en un oscuro pozo. Y de 48 horas nada; que ha ido la cosa para veinte días. Y el caso es que… estando a la puerta de sede futbolera… pues eso; que la cosa iba a ser rápida. No tenemos suerte con los surtidores: el “geiser” microniza agua de mar y se carga la roca de Can Falig y la fuente de elipsoide no tenía luz nocturna con la que saludar a los visitantes y transeúntes. El sino de los elementos fálicos, que dice el psiquiatra del cánido Rodolfo.

El caso es que pasó la Semana Santa, esa que ya se ha quedado sólo en un puente largo, y seguíamos el perro y yo sin ver la luminaria que guía nuestros pasos. Y casi al final de la Semana de Pascua, ¡por fin! La cuestión es averiguar si alguien había avisado a la Brigada 900. Parece ser que sí; pero la cosa ha ido para veinte días, ¡veinte!

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